Me
hiciste comprender
que un
amor sí puede ser eterno
aunque
nazca un verano
y no
llegue siquiera hasta el invierno.
Tú me
enseñaste a ver
que no
es la duración quien lo valora,
si no
el calor humano
que alguno de los que aman atesora.
© José Luis Bermejo (El Seneka)
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