sábado, 19 de noviembre de 2011

ENTRÉGATE


Deja de lado tus inhibiciones
Y entrégate a la orgía del placer.
Experimenta esas sensaciones
Que te pueden llegar a enloquecer.
Siente la vida vibrar en tu interior
Llenándote de gozo los sentidos
En ese orgasmo enloquecedor
Que te arranca suspiros y gemidos.
Eleva tu cintura deseosa
De dar y recibir la vida entera
En ese instante de pasión fogosa
En que te gusta ser una cualquiera
Para sentirte henchida y ardorosa
De sexo sin tabúes y sin barreras.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

viernes, 18 de noviembre de 2011

AMORES ETERNOS


Me hiciste comprender
que un amor sí puede ser eterno
aunque nazca un verano
y no llegue siquiera hasta el invierno.
Tú me enseñaste a ver
que no es la duración quien lo valora,
si no el calor humano
que alguno de los que aman atesora.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

jueves, 17 de noviembre de 2011

BOUTIQUE MENCHU


                Así se llamaba la tienda de ropa femenina que había justo enfrente de mi casa. Precisamente por esa proximidad mi amiga de temporada y yo habíamos entrado varias veces cuando había visto en el escaparate algo que podía interesarle.
                Teresa era una mujer a la que le gustaba vestir muy sexy y provocativa, pero que, curiosamente, descuidaba un poco su ropa interior, ella solía decir que “para lo que tardaba en quitársela”.
                Pero a mí me gusta que todo sea excitante, por lo que decidí regalarle, sin que ella lo supiese, alguna cosa de lencería fina.
                De forma que ese día, cuando volvía de trabajar, como no había quedado con ella, decidí entrar en la tienda para asesorarme con la dependienta y dueña.
                -Buenas tardes –Saludé-, Quería comprar algunos conjuntos de ropa interior sexy, pero tengo un problema, no sé la talla que usa la destinataria.
                -Perdona la indiscreción –Dijo la mujer-, pero si la destinataria es la chica que ha venido otras veces contigo, yo sí la sé.
                -Pues sí, para ella son.
                -Pues tengo muchas cosas que enseñarte. Si no te importa voy a cerrar la puerta, falta poco para la hora y no quiero que nos molesten.
                Echó el pestillo, le dio la vuelta al cartel y corrió la cortina. Luego seleccionó un montón de cajas de las estanterías y las puso sobre el mostrador. Abrió una de ellas y dijo:
                -Mira, tengo este… ¡Oh! Pero ya sé que los hombres si no ven estas cosas puestas no se hacen una idea, así que iremos a lo práctico.
                Y sin mediar una palabra más se quitó toda la ropa que llevaba quedándose completamente desnuda. Con una sonrisa se puso el primer modelito y se contoneó ante mí.
                -¿Qué te parece?
                -¡Despampanante!
                -Mira, hay un método infalible para ver cuanto te gusta –Se acercó a mí y me puso la mano en polla -: Ver cómo se te pone de dura. Aunque se aprecia mejor si te la sacas.
                Lo hizo ella desabrochándome el pantalón y bajándomelo junto con el bóxer.
                -Así seguro que el que más me gustará será el último… Por acumulación.
                -No, porque después de cada uno haremos que vuelva a su estado normal. ¡Ummm! ¡Éste parece que te gusta bastante! Se te ha puesto muy tiesa –Dijo sin dejar de meneármela. Ven aquí al sofá, vamos a hacer que se desahogue antes de probar el próximo.
                Cuando llegó al sofá ya se había quitado el “modelito” y yo la ropa que me quedaba.
                -¿Te gusta hacer un 69? –Preguntó.
                -Claro.
                -Pues vamos a ello, túmbate y yo lo hago encima.
                Lo hizo y al momento me estaba haciendo una mamada impresionante. Ella tenía el pubis depilado excepto dos finas rayas de vello en forma de “V”. Me dediqué a lamérselo con fruición. Se movía un poco para ofrecer a mi lengua y labios las zonas que querían ser chupadas.
                -¡Ay cómo lo lames cariño! ¡Me corro viva!
                Su orgasmo fue como un susurro, como un rezo extasiado, porque se corrió otras dos veces antes de que lo hiciese yo en su boca, pues no consintió en dejar de mamarla hasta que no se le inundó de mi semen. Tras unos segundos de reposo dijo:
                -Voy a poner algo para beber antes de mostrarte el siguiente.
                Pues consiguió que se me volviese a empinar.
                -Ahora la relajación va a ser que me folles a tope…
                Fueron dos conjuntos más y dos veces más que logró que me corriese. Ella debió experimentar no menos de doce orgasmos. El caso es que eran casi las doce de la noche cuando salí de la tienda con dos de los conjuntos.
                -Vuelve de vez en cuando –Dijo al despedirnos-, aunque no tengas nada que comprar.
FIN

© José Luis Bermejo (El Seneka).

miércoles, 16 de noviembre de 2011

HÁZMELO ASÍ


Méteme tu sediento miembro ardiente,
frótame los pezones con tu boca,
déjame acariciar como una loca
desde tus pies subiendo hasta tu frente.
Quiero chupar tu pene y que reviente
derramando el sabor que lo provoca.
Beber la espesa miel mientras me toca
tu lengua el sexo, ansioso de tu fuente.
Quiero correrme y ver como te corres.
Quiero ahogarme en tu ahogo desgarrado,
y fundirme en orgasmo compartido.
Quiero que en mi regazo te amodorres
y extasiarme en abrazo enamorado
para dejar el sueño suspendido.

© Lola Lopez (Mesalina)

martes, 15 de noviembre de 2011

ATENCIÓN AL CLIENTE


Hacía unos tres meses que había empezado mi relación con Andrea y las cosas no estaban siendo fáciles en lo tocante a nuestros encuentros.
Me explico: En su casa solía estar su marido, la mía, ya se sabe, no estaba en condiciones para recibir a nadie, y coger una habitación de hotel cada vez que queríamos echar un polvo era muy gravoso para nuestras economías. Lo que pasa es que Andrea estaba tan buena que compensaba aquellos inconvenientes.
Por suerte aliviaba algo esta situación el hecho de que su hermano, divorciado, tenía que hacer frecuentes viajes a causa de su trabajo, y aunque tenía una hija de 23 años, casada, prefería dejarle a Andrea llave para que le regase las plantas. Ni que decir tiene que en esas ocasiones aprovechábamos su casa para nuestros encuentros sexuales.
En esa situación estábamos aquel sábado, desnudos en la cama de la habitación del hermano y gozando a tope del sexo de la forma tan salvaje que Andrea sabía hacerlo. Pero las cosas se iban a complicar.
Estábamos los dos tan ensimismados en nuestro placenteros juegos que no oímos que se abría la puerta, ni que alguien andaba por la casa hasta el dormitorio. De lo primero que nos percatamos fue de que Esther, la sobrina de Andrea, estaba mirándonos desde la puerta del dormitorio. Naturalmente nos quedamos totalmente cortados.
-No, seguid, seguid –Dijo la joven-, no quería interrumpir ni sabía que estabais aquí, solo vine a por unos papeles que necesito, pero ya me marcho.
Habíamos tirado de la sábana para cubrirnos un poco y Andrea dijo:
-No busca lo que tengas que buscar, nosotros ya nos marchamos.
-De marcharos nada. Yo busco los papeles, tardo diez minutos como mucho, pero vosotros seguid follando. ¡Ya quisiera yo estar en tu lugar!
Se fue y la oímos trastear por la casa, pero lo cierto es que a nosotros ya nos había cortado el rollo.
Al cabo de unos siete minutos volvió a aparecer en la puerta, ya con el bolso colgado del hombro.
-Vaya –comentó-, veo que os habéis cortado. Bueno ahora lo retomáis porque ya me voy, por cierto, cachonda perdida.
Efectivamente, escuchamos como cerraba la puerta de la calle, pero aunque lo intentamos, la cosa ya no fue lo mismo. Andrea comentó que le preocupaba que Esther se lo contase a su padre.
Ambos sabíamos que nuestro encuentro podía tardar en volver a repetirse, por las circunstancias. Pero lo realmente curioso ocurrió tres días después, cuando Andrea me llamó por teléfono.
Yo sabía que el marido estaba en casa, y el hermano también, luego la llamada no podía ser para uno de nuestros encuentros.
-Dime Andrea.
-Hace un momento que me ha llamado Esther para decirme que el otro día, cuando nos vio, se puso tan cachonda que no tuvo más remedio que hacerse un dedo.
-¡Coño! ¿Y por qué no se folló al marido?
-Eso le he preguntado yo, pero dice que el marido es un soso que no vive más que para el fútbol.
-Bueno, ¿Y cuál es el problema?
-Problema ninguno, lo que dice es que quiere montarse una orgía con nosotros dos. Pero claro, yo no sé si a ti te gusta ella.
-Creo que la cuestión es: ¿A ti te gustaría?
-Pues no me importaría, me da morbo. Además, si la implicamos impedimos que se vaya de la lengua con mi hermano o con mi marido. ¿Pero tú querrías?
-Mujer, a nadie le amarga un dulce.
-Estupendo, pues podríamos hacerlo.
-El tema es cuándo, porque ahora tenéis todas las casas ocupadas.
-Ya, pero a Esther parece que le corre prisa, ha propuesto tomar una habitación en un hotel, está dispuesta a correr con todos los gastos.
-De eso ya hablaríamos. Bueno, pues concretar la fecha para esa orgía “familiar”.
-De acuerdo, la llamo y te digo algo.
No había pasado ni una hora cuando sonó de nuevo el teléfono.
-Dice Esther que mañana –Me soltó Andrea sin más preámbulos-. Ya tiene ella reservado el hotel para las seis de la tarde.
-¡Que eficiencia! ¿Dónde quedamos?
-Ven a buscarnos a las cinco y media a casa de mi hermano, él no llega hasta las seis.
Bien, tendría que mentalizarme para aquel encuentro, aunque, la verdad sea dicha, no me iba a costar demasiado. No siempre le ofrecen a uno la posibilidad de un trío sin buscarlo.
El hotel estaba en uno de los nuevos barrios residenciales en las afueras de Madrid. Nos dieron la llave y subimos a la habitación.
Apenas sin darme tiempo a entrar se lanzaron las dos a por mí para besarme y toquetearme, aunque sin quitarme la ropa.
-Venga, vamos a desnudarnos –Dijo Andrea impaciente.
-No –Replicó Esther-. Antes vamos a jugar un poco nosotras dos para ponerle que se suba por las paredes. Así que siéntate en la butaca y mira –Terminó, dirigiéndose a mí.
Sin más empezó a desnudar a Andrea al tiempo que la arrastraba hasta la cama.
En un momento empezó a besarle por todo el cuerpo, a lamerle las tetas, el coño… Se veía con mucha más experiencia a la joven que a la más mayor en aquellos juegos lésbicos. Luego se dirigió a mí:
-Venga menéatela, queremos ver como estás de cachondo viendo a tus dos putas jugando para ti.
Empecé a masturbarme, pero sin demasiado ardor. Sabía que de hacerlo me correría enseguida viendo aquel espectáculo, del que Andrea, un poco cortada al principio, participaba ya con todo entusiasmo.
-¡Ay niña, vas a hacer que me corra con esos lametones!
-Anda ven –Dijo dirigiéndose a mí-, que te vamos a hacer un hombre entre las dos.
En cuanto me acosté entre ellas entablaron una especie de competición para ver quien me la mamaba más y mejor.
Tuve que hacer denodados esfuerzos para no correrme.
-Andrea –Dijo Esther-, anda, deja que me folle a mí primero, que tú ya has probado esta polla.
-Sí, y te aseguro que “trabaja” de maravilla.
-Pues venga –Dijo tumbándose de espaldas y elevando las piernas-, métemela hasta dentro que quiero sentirme llena de polla.
No me hice de rogar, naturalmente, y según estaba ya de excitado se la metí de un solo golpe.
Se estremeció como en un ataque de epilepsia y empezó a morder la almohada entre sonidos guturales.
Andrea también gemía mientras se frotaba alocadamente el clítoris.
-¡¡Ay!! ¡Que ganas tenía de que me follaran bien follada! –Farfulló Esther.
-Sí –Dijo Andrea-, pues córrete ya guapita, que yo también quiero.
-Esperad –Intervine-, poneos las dos a cuatro patas y os la iré metiendo alternativamente.
Lo hicieron, y yo de rodillas tras sus culos iba entrando en los dos coños, dos empujones en cada uno.
-¡Eso, eso! ¡Móntanos como a dos putas! –Dijo una.
-¡Me moriría con esta polla dentro! –La otra.
Pero mi aguante tiene un límite y ocurrió lo inevitable: me corrí sobre los culos de las dos. Ellas se recogían el semen una a la otra para luego lamer sus dedos.
Sin embargo era evidente que no habían tenido ni para empezar, y yo, ni con prolongados intervalos, me sentía capaz de satisfacer a aquellas dos ninfómanas. Así que dije:
-Chicas, aquí hace falta otro hombre.
--¡O dos! ¡O los que sean! –Asintió Esther.
-Claro –apostilló Andrea-. ¿Pero de dónde lo sacamos?
-Yo tengo una idea –Dije.
-Pues exponla.
-¿Si llamamos al servicio de habitaciones para que nos suban algo, y el que viene es un tío, os sentís capacitadas para seducirle y que se quede un rato?
-Si viene un hombre –Dijo Esther-, te garantizo que se queda aunque le cueste el despido.
-Pues entonces llamo.
Lo hice. Pedí una botella de cava, una ración de jamón ibérico, otra de queso manchego curado, y un frasco de sucedáneo de caviar; que no estaba uno para dispendios; y sobre todo cuatro copas para el cava.
-Cuando llamen –dijo Esther-, tú te pones en la cama comiéndole el coño a Andrea y me dejáis que abra yo la puerta.
-¡Eso, sí! –Comentó la aludida con entusiasmo-, ¡que me coma el coño!
Unos diez minutos después; en los que no habíamos parado de toqueteos, besos, roces y demás, llamaban a la puerta de la habitación.
Preparamos la escena. Andrea se tumbó en la cama bien espatarrada para facilitarme el acceso a su coño, y yo me dediqué a lamer, succionar y golpear su clítoris con mi lengua. Ni que decir tiene que se olvidó al momento de que aquello era una parafernalia y se puso a gemir de gusto como una loca.
Esther, vestida como su madre la trajo al mundo, fue a abrir.
Para nuestra satisfacción, quien entró con al carrito del servicio era un hombre, bastante joven y con muy buena apariencia. Si se sorprendió al ver el panorama, no lo evidenció de ninguna manera.
-Pasa y deja eso por ahí -Dijo Esther-. ¿Ves lo que están haciendo esos? Pues a mí me da una envidia que me muero. ¿Tú me harías a mí lo mismo?
-Por supuesto señorita –dijo el empleado-, en cuanto haga una llamada a recepción.
Cogió el teléfono; mientras Esther le iba tocando el paquete con todo descaro; y dijo cuando le contestaron:
-Oye mira, tengo un 16 en la 415, así que di al restaurante que me sustituyan.
¡La rehostia! ¡Lo tenían todo previsto y organizado como la policía! ¡Esto si era un buen SERVICIO DE ATENCIÓN AL CLIENTE!
Sin desnudarse siquiera tumbó a Esther en la cama, al lado de Andrea, y hundió su cara entre sus muslos.
Las chicas berreaban de gusto con las lamidas, fue Andrea la que dijo:
-Niña, creo que ahora nos toca “comer” a nosotras.
Así que nos hicieron levantarnos y cada una se puso a mamar una polla con todo el fervor del mundo. Sin problemas cambiaban de “chupete” cada dos por tres.
Lo que ocurrió durante las siguientes tres horas es imaginable: las follamos, nos montaron, las lamimos, las penetramos por el culo, nos bebimos el cava y nos comimos las tapas… Eso sí, muy caballeroso, el empleado no admitió propina alguna cuando se marchó.
Cuando, tras ducharnos y relajarnos un poco, dejamos la habitación, Esther comento:
-Ha sido gratificante. Habrá que repetir la experiencia, pero cambiando de ambiente. ¿Os parece un bar de copas? Aunque yo preferiría una estación de bomberos.
FIN.

© José Luis Bermejo (El Seneka).

ARQUITECTO

Soy arquitecto de sueños
Y construyo catedrales
Con todos vuestros empeños,
Sean ficticios o reales.
Me meto en tus pensamientos
Y sé encender tu ilusión:
El fuego de un sentimiento,
La llama de una pasión.
Tus deseos inconfesables
Los tengo yo en mi paleta,
Atrevidos o adorables.
¡Que para eso soy poeta!

© José Luis Bermejo (El Seneka).

domingo, 13 de noviembre de 2011

PASIÓN SIN LÍMITES

Arráncate la ropa, estalla de deseo,
Pon mi pene en tu boca y en la mía tu sexo,
Agita tus caderas ansiosa de placer,
Pide ser penetrada, gime hasta enloquecer.
Córrete entre mis labios, sigue pidiendo más,
Que te daré mi semen por lo que tú me das.
Y volveré de nuevo a entrar en tus entrañas
Mientras muerdo tus pechos, mientras que tú me arañas
Y tu cuerpo se agita en lúbricos espasmos,
Mientras pierdes el norte en múltiples orgasmos.
Que pensemos que el mundo no se debe parar
Para que sólo exista este afán de follar.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

ALQUILER REMUNERADO

Andaba yo buscando por Madrid; dada mi escasa ‘disponibilidad económica’; una habitación para alquilar, o algo similar, cuando vi este anuncio en un diario: “Matrimonio sin hijos alquila habitación para chica, con derecho a cocina”. Se adjuntaba un número de teléfono de contacto.
Desde luego no soy chica, pero como en muchos días no había encontrado una oferta parecida, decidí arriesgarme y llamar.
En principio me dijeron que preferían a una mujer, pero parece ser que como también andaban los propietarios apurados por el tema monetario, conseguí una entrevista para conocernos y hablar de las condiciones.
Cuando fui, el día y a la hora acordados, me encontré con un matrimonio joven; no pasaría de los 35 ninguno de los dos, se presentaron como Maribel y Andrés. Si bien al principio parecían un poco reticentes a alquilar la habitación a un hombre, al final parece que les caí bien y llegamos a un acuerdo. El precio era razonable, la habitación amplia y exterior, y la casa en conjunto acogedora. Además, me dijeron que tenía libertad para traer a alguna amiga cuando quisiera.
De forma que, para ajustar lo de los pagos, quedamos que me mudaría a primeros de mes, para lo que quedaban seis días. Tenía tiempo sobrado para recoger las pocas cosas que me iba a llevar de mi actual domicilio.
A los tres días recibí una llamada de Maribel diciéndome que ya tenían preparado el contrato de alquiler, que si podía pasar a firmarlo. Naturalmente dije que sí.

Cuando llegué a su casa; mi próximo domicilio; tardaron un poco en contestar a mi llamada al timbre de la puerta. Me abrió Maribel envuelta sólo e n una toalla de baño.
-Perdona la tardanza –Dijo-. Me has pillado en la ducha. Pasa, Andrés no está, pero los papeles están firmados, sólo tienes que firmar tú y quedarte con tu copia.
-Muy bien.
-Siéntate un momento –Me señaló el sofá-, mientras voy a buscar esos documentos.
Volvió l rato con los papeles en la mano, que dejó sobre la mesita auxiliar, y se sentó a mi lado. No se preocupó poco ni mucho de que la toalla no se deslizara a los lados de sus muslos, por lo que pude ver su sexo, depilado de una manera curiosa: el poco vello que le quedaba formaba una pequeña estrella. Ella se dio cuenta de mi mirada, pero hizo como si no le diese importancia. Para no seguir mirando, porque me estaba excitando, me puse a revisar y firmar los contratos. No obstante no pude evitar experimentar una erección y que mi pene formase un bulto considerable bajo el pantalón.
-Bueno –Dije-, ya está todo firmado.
-Sí. Toma, una copia es para ti
-Gracias. Creo que ya me tengo que marchar.
-¿Sí? ¿Tienes prisa? ¿No quieres resolver ese ‘problema’ antes? –Señaló el bulto en mi entrepierna.
Obviamente no iba a rechazar el ofrecimiento.
-¡A mí me encantaría!
-Pues yo te ayudo.
Sin más, se dedicó a desabrocharme el pantalón y hacer lo necesario para dejar mi polla al aire. Empezó a ‘calibrarla’ con la mano y dijo:
-¡Um! ¡Pues me encanta tu ‘problema’.
-¿Y tú tienes también ‘problemática’? –Pregunté poniendo mi mano entre sus muslos.
-¿Tú qué crees? –Respondió sonriendo.
En efecto, su coño estaba completamente encharcado, y desde luego no era por el agua de la ducha.
Me levanté, la cogí de las piernas y la tumbé sobre el sofá para meter mi cara entre sus piernas y ponerme a comerle el coño, a lamerle el clítoris y penetrarla con la punta de la lengua.
Era una mujer de las poco ‘escandalosas’. Sus gemidos eran más bien suspiros entrecortados, pero el movimiento de su pelvis era tan violente ante mis lamidas que, aparte de descolocarme con frecuencia, casi me hacía daño en la boca.
Al cabo de poco rato me dijo:
-¡No, no, para! ¡No quiero correrme! ¡Quiero que me dure! ¡Deja que te la mame yo a ti!
Para que no tuviese que ponerse en una posición incómoda, me puse a horcajadas sobre ella, sujetándome medio en vilo para no aplastarla, de tal forma que mi pene estuviese al alcance de su boca mientras masajeaba sus tetas con mis nalgas.
La mamada fue antológica. Sus caderas no dejaban de moverse arriba y abajo, como si me estuviese follando con el coño además de con la boca.
-¿Dónde quieres que me corra, niña? –Pregunté cuando sentí que no podía aguantar más.
-¡Córrete donde quieras cabrón!, pero métemela antes.
Sus palabras me demostraron que era de las que les gustan las palabras subidas de tono cuando está follando.
-¡Claro que sí zorra. Ponte a cuatro patas que te la voy a clavar hasta los huevos!
-¡Sí, sí, fóllame como a una perra!
Se arrodilló en el sofá con las manos en el respaldo, las piernas entreabiertas, ofreciéndome el culo y el chocho en todo su esplendor. De pie tras ella se la metí lentamente, pero hasta el fondo, la tuve allí quieta unos segundos antes de empezar a bombear.
No aguantó muchas arremetidas antes de gritar:
-¡Dame fuerte cabrón! ¡¡Me voy a correr como una cerda!!
Lo hizo en medio de movimientos casi epilépticos. Como yo no sabía su grado de ‘preparación’, se la saqué poco antes de eyacular y esparcí toda mi leche por su espalda. Se puso frente a mí para lamer los restos de semen directamente de mi polla.
Tras unos momentos de reposo y los inevitables cigarrillos, me dijo:
-No tengo ni que decirte que, previa llamada para que estemos, puedes ir trayendo tus cosas cuando quieras.
-De acuerdo, pero no van a ser muchas.
-Pues las traes de una en una –Respondió con un guiño.
Cuando me vestí me acompañó hasta la puerta sin ponerse siquiera la toalla.
Aprovechando la oportunidad que me había dado Maribel, y pensando en la ‘recompensa’ que allí me esperaba, volví todos los días llevando cosas pequeñas de las que no iba a dejar.
Como tenía que llamar previamente, me esperaba ya desnuda o con pocas cosas que quitarse; no sé si casualmente, nunca encontré a Andrés en esas visitas. Nada casualmente, cada una de ellas fue siendo más intensa y placentera en cuanto al sexo entre los dos.
Por fin, el día uno me trasladé definitivamente. Pensaba, obviamente, que viviendo allí no me iban a faltar oportunidades de seguir mi historia con Maribel, y no me equivoqué, aunque sí me llevé alguna sorpresa.
Cierto que al principio aprovechábamos las ausencias de Andrés para follar como locos, y yo pensaba que esa iba a ser la tónica siempre.
Con bastante rapidez me adapté a las costumbres de la casa, de forma que aquella noche; Andrés se había acostado, pues su trabajo le obligaba a levantarse muy pronto; estaba yo mirando, indolente, la televisión y Maribel vino a sentarse a mi lado con sendas copas en la mano.
Nada más dejar las copas sobre la mesa comenzó a desabrocharme la bragueta.
-Maribel –Dije-, que está Andrés.
-No te preocupes, no se despierta. Y es que estoy loca porque me la metas por el culo hoy.
-¿Te gusta eso? No sabía de esa afición tuya.
-¡Me encanta! Y que me toques el coño mientras me la clavas.
Como la situación, con el marido en la casa, me cortaba un poco, mi erección no fue tan rápida y firme como otras veces.
-Deja que te la lubrique un poco para que entre mejor –Comentó, y se puso a hacerme una de sus espectaculares mamadas. Cuando la tuvo ‘a punto’ se subió el vestido, se quitó las bragas y me cabalgó, según estaba sentado, dándome la espalda. Ella misma apuntó mi pene en su culo y se dejó caer para ir introduciéndoselo poco a poco, luego empezó a moverse arriba y abajo.
-¡Ay que gusto me da! ¡Estrújame el coño con las dos manos guarro!
-Si zorra. ¡Te lo voy a destrozar!
Afortunadamente no era muy gritona, pero ya se moví desesperadamente arriba y abajo mientras yo jugaba con su chocho totalmente empapado. No hacía más que repetir:
-¡Me corro! ¡Me corro otra vez! ¡Me corro! ¡Me voy a morir de gusto!
Yo también estaba a punto de correrme dentro de su culo cuando sentimos que se abría la puerta del salón…
Lógicamente no podía ser nadie más que Andrés. Me quedé tan cortado que sentí que mi erección cedía, pero ella no lo permitió, porque ignorando la entrada del marido siguió cabalgándome y gimiendo a más y mejor.
Sin duda lago debió notar Andrés en mi expresión, porque dijo:
-Tranquilo, sigue, no te cortes. Sabía que esto sucedería, ésta es tan viciosa que ya estaba tardando mucho en follarte. Sólo vengo a por un poco de agua y desaparezco de nuevo.
Como un gilipollas sólo se me ocurrió decir:
-Gracias.
-De nada. Me debes una. Cuando traigas a alguna amiguita déjame compartirla también.
-Claro -. Contesté sin tener siquiera idea de si alguna de mis amigas era partidaria de esos ‘juegos’ o no.
Aunque me costó un poco retomar el ‘ritmo’ cuando se retiró Andrés, la actividad de Maribel era tan frenética. Fueron dos horas de continuos orgasmos; ni siquiera me pidió irnos a mi cama, perece que el sofá es su ‘picadero’ favorito; con el morbo añadido de saber que el otro, cuando menos, estaba ‘al loro’.
Ni que decir tiene que a partir de aquella noche cambió totalmente la forma de nuestra relación. Como Maribel era realmente insaciable, ya no hubo día en que no nos montase una orgía, a su marido, a mí, o a los dos juntos. Se convirtió en más que frecuente vernos a los tres, ella en medio, ante el televisor, ‘manejando’ ella una polla con cada mano. Luego cada cual se la metía por el agujero que quedaba libre.
No obstante yo no olvidaba que su anuncio, en principio, solicitaba una chica para alquilarle la habitación, por lo que era consciente de que ambos esperaban de mí alguna ‘aportación femenina’, pero entre que tenía más que suficiente con lo que había en casa, y que no era capaz de proponerle a ninguna de mis amigas el tema del sexo colectivo, mi aportación no llegaba.
Sin embargo, la primera ‘experiencia’ no llegó con mi colaboración. Una tarde vino a visitarles una prima de Maribel, que aunque no vivía demasiado lejos, eran de esas relaciones familiares cuyos encuentros se distancian en el tiempo.
Desconozco, claro está, la trayectoria de la prima; Marta de nombre; en cualquier terreno porque era la primera vez que la veía, pero he de reconocer la tremenda habilidad de Maribel para levar las cosas al terreno que ella quiere.
Después de un rato de los clásicos: “¿Y cómo está María? ¿Manolo sigue en el paro?”, etc., la conversación empezó a derivar, como insensiblemente, hacia temas sexuales. Que si esto me gusta, que si esto me gusta más, que si cuáles son tus fantasías sexuales…
Como al hilo de la conversación, Maribel le abrió la bragueta a Andrés, le sacó la polla y se puso a meneársela como ‘al descuido’.
Marta abrió mucho los ojos, me miró a mí con una sonrisa como diciendo: “¿Qué es lo que pasa aquí?”, pero no hizo ningún otro gesto, pero a medida que iba pasando el tiempo; en el que la conversación, aunque más entrecortada, no se había detenido; se la notaba cada vez más inquieta.
-¿Qué te pasa Marta? –Preguntó Maribel-. ¿No te gusta lo que ves?
-Bueno yo…
-¿O te estás poniendo un poco cachonda?
-Pues… La verdad es que sí.
-Seguro que Luis también está como una moto. Hazle un ‘trabajito’ a él.
Me interrogó con la mirada y yo asentí con la cabeza. Se vino a sentar conmigo y de inmediato imitó a la otra sacándome el pene y masajeándolo suavemente. Yo le desabroche la blusa para poder acariciarle los pechos, pero el tejano que llevaba hacía más complicado el acceso a otras partes.
-Si vamos a seguir con este delicioso juego –Sugerí-. ¿No sería mejor que nos quitásemos la ropa?
-Buena idea –Dijo Maribel-. Pero Marta, cuando nos desnudemos te vienes con Andrés, que yo quiero hacerle una buena mamada a Luis.
-¿Y no sería mejor que continuásemos la fiesta en la cama? –Intervino Andrés por primera vez.
-Luego cariño –Replicó Maribel-. A mí me da más morbo seguir un poco aquí.
Yo no sé lo que le daría más o menos morbo a Marta, pero estaba ya disparada, en cuanto estuvo al lado de Andrés ya tenía su polla en la boca.
-Anda –Me dijo Maribel-, tócale el chocho a Marta mientras os la chupamos.
Me puse a hacerlo; aunque para que llegase a mi ‘destino’ tuviésemos que mover el sillón. Pero no estuve mucho rato, porque Marta empezó a gritar:
-¡Oh! ¡Necesito que me la metan ya! ¡O que me coman el coño!
-Vamos a la cama –Insistió Andrés- Al menos Marta y yo nos vamos.
-Sí venga, vamos todos –Accedió Maribel.
En cuanto llegamos a la cama, Andrés se la metió a Marta hasta el fondo entre gemidos de esta:
-¡Ay! ¡¡Ayyyy!! ¡Cómo me gusta tener una polla dentro!
Intenté hacer lo propio con Maribel, pero me dijo:
-¡No nene, no! ¡A mí métemela por el culo! ¡Sabes que me encanta!
Lo hice.
Marta se corrió al poco rato en medio de gritos desaforados. Maribel un poco más tarde, con su ‘estilo’ más silencioso, pero más convulso. Nosotros aguantábamos a duras penas. Intuíamos que se nos iba a exigir mucho más.
Ni que decir tiene que a lo largo de las cuatro horas largas que estuvimos follando, cambiamos de pareja con frecuencia. Marta, después de habérmela follado y provocado otro escandaloso orgasmo, me pidió que se la metiese también a ella en el culo. Hasta Maribel se decidió a comerle el coño a la amiga mientras ésta se la chupaba a Andrés y yo se la metía ella.
Cuando, casi seis horas después, se despedía Marta, sólo dijo:
-Creo que tendré que venir a visitaros con mucha más frecuencia.
Sin duda que lo hizo en los siguientes meses. Incluso una vez trajo a una amiga suya a la que ya había puesto en ‘antecedentes’ de lo que eran las ¡meriendas en casa de los Castillo!
En definitiva, que el precio del alquiler estaba más que bien invertido.
FIN
© José Luis Bermejo (El Seneka)