viernes, 2 de diciembre de 2011

A PESAR DE TODO


Miro un buzón que siempre está vacío.
Espero la llamada de un teléfono mudo.
Me asomo a un mundo en el que nada es mío.
La soledad me oprime con un húmedo nudo.
La mente se me pierde en locos desvaríos.
Mi alma me muestra su impúdico desnudo.
El futuro es sólo un barrizal sombrío.
No sé ni en lo que creo ni lo que dudo.
Mi corazón es un desierto abandonado y frío.
No se abre puerta alguna a la que acudo.
Todo cuanto sembré cayó en baldío...
¡Y sigo vivo! ¡Hay que ser tozudo!

© José Luis Bermejo (El Seneka).

CENA DE FRATERNIDAD


PRIMERA PARTE
            Actualmente es muy frecuenta nuestro caso, por aquello de la comodidad y facilidad que ofrecen las nuevas técnicas. Me explico: Georgina y yo trabajamos para la misma editorial, pero no nos habíamos visto nunca, aunque sí leído; (debo aclarar que yo trabajo para varias, pero de intereses y temas totalmente distintos, por lo que no hay problema de incompatibilidad). No quiero decir que los autores ligados a una editorial se conozcan todos, ni antes ni ahora, pero actualmente que ni siquiera sueles pisar las instalaciones, porque todo se hace a través de e-mail e internet, mucho menos.
            Pero las editoriales, o mejor sus jefes o dueños, también tienen sus caprichos, y a la nuestra se le ocurrió, vaya usted a saber por qué, que sería conveniente organizar una cena de confraternización a la que acudiesen todos sus autores. Naturalmente podían ir acompañados. Siendo los que nos pagaban, difícilmente se podía declinar la invitación. De forma que un sábado, a eso de las nueve de la tarde, nos encontramos unas cuarenta personas en un conocido restaurante de Madrid.
            La primera hora se fue en darnos a conocer y a asociar nuestros nombres a nuestros seudónimos, pues en una publicación como aquella nadie, o casi nadie, firmaba sus trabajos con su nombre real.
            Así me enteré que Georgina era, para mí y hasta entonces, Andrea Deseosa. Me presentó a su acompañante como su marido. Yo había ido solo.
            Nos sentamos, y tras unas palabras del responsable de la reunión; la jefa; empezaron a servir las viandas, aunque casi todos parecían prestarle más atención a las bebidas.
            Georgina se había sentado a mi lado, y al otro tenía al marido, pero era normal que hablase más con un compañero recién conocido, que con él, con el que podía hacerlo siempre.
            -Me gustas lo que escribes –Me dijo-, resulta muy excitante.
            -Y a mí tu trabajo, pareces una chica muy lanzada.
            -Que va, sólo en mis escritos, en realidad soy bastante tímida.
            -Vaya. Pues no lo pareces.
            No tardó mucho en demostrar que tenía yo más razón que ella. Me cogió en la mano y la puso en uno de sus muslos por debajo de la falda. Se lo acaricié.
            -Sube –Me susurró.
            Cuando lo hice me percaté de que no se había puesto bragas. ¡Joder con la timidez! Como era lo que se esperaba de mí, empecé a tocarle el coño. Noté que empezaba a tener pequeños estremecimientos.
            Como era mi mano derecha la que estaba implicada en el juego, y de zurdo no tengo nada, de vez en cuando debía subirla para, por ejemplo, poder beber algo. Cuando lo hacía me miraba con ojos suplicantes para que siguiera.
            Al cabo de unos quince minutos de toqueteo, noté que apretaba los muslos contra mi mano y que tenía que hacer grandes esfuerzos para no gemir, pues sus labios temblaban. Se estaba corriendo. Poco después retiraba ella misma mi mano de su entrepierna.
            Me limpié la mano con la servilleta y traté de empezar a comer algo.
            -Supongo que te habrás puesto muy cachondo –Dijo en voz muy baja.
            -Pues mira, sí.
            -Comprendo que no te puedo dejar así. Voy al baño, me das un minuto y vas tú. Trataré de descargarte y aliviarte.
            Lo hice. Me estaba esperando en el servicio de señoras con la puerta entreabierta, me hizo señas de que pasase.
            -Ven, el de mujeres siempre es más discreto para estas cosas que el de hombres.
            Me metió en uno de los retretes que se podía cerrar desde dentro con pestillo, se sentó en la taza con la tapa puesta, me puso ante ella y desabrochándome la bragueta me sacó la polla y se puso a mamármela.
            Al poco sentí que me corría y traté de apartarme, pero no me dejó. Quiso que derramase todo mi esperma en su boca y se lo tragó sin un aspaviento.
            -Oye, esto no ha pasado nunca ni volverá a pasar –Me advirtió-. Soy una mujer felizmente casada y no quiero problemas. Me ponen cachonda tus historias y quería hacer lo que he hecho imaginándolas, pero nada más.
            -De acuerdo.
            -Vuelve a la mesa, yo lo haré después.
            Nos despedimos todos después de cenar, ya bastante tarde, y regresé a mi casa. Desde luego que cumplí mi promesa, pero eso sí, una historia parecida a esta, cambiando nombres y un poco la situación, fue uno de mis siguientes trabajos para la editorial, que como habréis adivinado, se dedicaba a la publicación de revistas porno con fotos y relatos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

NUESTRAS NOCHES


Si sientes humedad cuando despiertes
será mi vida derramada en ti.
Habré tenido la impagable suerte
de recibir aquello que te di.
Sabrás que en tu interior he vaciado
la vida y el placer a borbotones,
que fundido contigo me he quedado
para hacer infinitas las pasiones.
Cuando la realidad nos desencante
y haya que deshacer el dulce lazo,
sabremos que el adiós será un instante
y que estaré de nuevo en tu regazo.
Volverá a repetirse la experiencia
de que el mundo sea sólo dos placeres,
dos cuerpos entregándose su esencia,
mil besos para mil amaneceres.

© José Luis Bermejo (El Seneka).

martes, 29 de noviembre de 2011

A PESAR DE TI


Soy el bien y el mal entremezclados.
Soy tu oculto ‘yo’ desinhibido,
deseo de tus momentos alocados.
Soy aquello que siempre has pretendido.
Soy el problema que nunca resolviste,
la gran pasión que inquieta tus sentidos,
ese placer que nunca recibiste,
el imposible sueño de tus noches,
el pecado que nunca cometiste,
la tentación en la que no caíste,
lo que anhelas tener y no has tenido.
Eso que piensas que traerá reproches.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

DOS SOLITARIOS


            Hacía pocos días que había roto con mi pareja y me había marchado de casa, por lo que andaba un tanto alicaído y pasaba más tiempo en la calle que en mi nuevo domicilio.
            Aquella tarde estaba sentado en la terraza de una cafetería; por aquello de que en las terrazas se puede fumar; con la mente en otra parte, pensando en mis cosas que eran, por qué no decirlo, poco halagüeñas. Me distrajo un tanto una mujer que se sentó en la mesa de al lado, porque estaba de muy buen ver, según se aprecia en la foto adjunta;  (Ya sé que en algunos sitios no podréis verla); Pero enseguida volví a mis meditaciones.
            Pero no duré mucho con mis pensamientos, pues antes de que apareciese el camarero, la mujer se dirigió a mí preguntándome:
            -¿Estás solo?
            Aunque sorprendido, respondí:
            -Pues sí.
            -Yo también. ¿Te invito a un café y charlamos?
            -¿Por qué no -Respondí.
            Dejó su mesa y se sentó a mi lado.
            -Me llamo Emilia –Dijo.
            -Encantado. Yo José Luis.
            -¿Y cómo es que estás solo?
            -Ya ves, conflictos de pareja. Pero ese no es el tema, el tema es: ¿Cómo es que estás sola tú con lo buena que estás?
            -¿De veras? No lo creas, ya voy siendo mayor y los hombres no se fijan en mí. Cuando me quito el sujetador tengo las tetas ya un poco caídas –Puso ambas manos debajo de ellas y se las meneó de una forma muy provocativa-. De hecho llevo más de cuatro meses sin follar, y estoy que me salgo de cachonda.
            -Pues será porque no quieres.
            -¿Tú crees? ¿Tú me echarías un polvo?
            -Uno solo no, unos cuantos. Pero me pregunto: ¿Por qué te has fijado y dirigido a mí?
            -Bueno, aquí no hay muchos maduros, solos y que me resulten tan excitantes como tú.
            -¿Te resulto excitante?
            -¡Uf! Ya te digo. Ahora mismo me has puesto el coño chorreando. Entre lo bueno que estás y el tiempo que hace que no siento una polla dentro… Y tú tienes pinta de tener un buen miembro.
            Uniendo la acción a la palabra, me puso la mano en la entrepierna palpando mi pene que, efectivamente, ya se había puesto “furioso”.
            -¡Madre mía que hermosura! –Exclamó.
            -¿Te gustaría tenerla dentro? –Pregunté.
            -¡Me enloquecería! ¡Y en mi boca! ¡Y mamarla hasta saciarme!
            -¿Y qué podemos hacer?
            -Si quieres podemos ir a mi casa y pasárnoslo bien.
            -¿Ahora?
            -Cuando te acabes la copa.
            -Me gustas tú más que la copa, así que cuando quieras.
            -Pues vamos, no vivo lejos y tengo las bragas empapadas.
            Nos levantamos, pagó ella, y nos marchamos. Apenas tuvimos que andar unos 600 metros para llegar a su casa. Cuando entramos me dijo:
            -Ponte cómodo, te voy a preparar una copa por la que no has terminado en el bar.
            Me senté en un sofá y al poco regresaba con las bebidas. Mientras servía dijo:
            -Seguramente habrás pensado que soy muy descarada, pero es que con lo necesitada que estoy; me masturbo claro, pero no es lo mismo; y con lo que tú me gustas, que en cuanto te he visto me he puesto cachonda, no he podido resistirme.
            -Yo no pienso nada. Además me gustan las mujeres así: decididas y sin disimulos.
            -Pues me alegro. ¿Ves como tengo las tetas un poco caídas? –Se bajó las mangas del vestido y me las enseñó. Desde luego no estaban más caídas de lo habitual, ni mucho menos, de hecho no llevaba sujetador, y sus pezones erguidos y desafiantes compensaban cualquier otra cosa. Traté de lamerle los pezones.
            -No, espera, tómate la copa y deja que yo te ponga como tú me has puesto a mí.
            La dejé hacer. Con todo lo cachonda que decía estar, parecía quererse tomar las cosas con calma, porque empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón, muy suavemente. Sus actos no eran muy excitantes, pero sus palabras sí:
            -¡Dios mío, qué rica que tiene que estar esta polla!
            -¿Por qué no la pruebas?
            -Ahora. Tú bebe.
            Al fin me desabrochó el pantalón y me la sacó. Primero la acarició con sus pezones, luego con la lengua y los labios.
            -¡Dios que polla! –Dijo -¡Qué maravilla debe ser sentirla dentro!
            -Pues ya ves como está, así que cuando quieras…
            -¡Sí, sí! ¡Vamos a la cama! ¡No aguanto más!
            Apenas entramos en el dormitorio ya estábamos los dos completamente desnudos. Ella estaría ansiosa, pero yo no tenía ninguna prisa, de forma que me puse a acariciarle todo el cuerpo: Los labios, el cuello, los pechos, la espalda, el culo, los muslos… Todo muy lentamente con manos y boca. Se retorcía como una anguila y gritaba:
            -¡Qué bien, qué bien! ¡Pero por lo que más quieras, métemela ya!
            -¡Espera! ¡Disfruta!
            -¡Sí! ¡Pero es que me voy a correr sin tenerla dentro!
            -Pues córrete. Luego lo harás de otras formas.
            Apenas me dio tiempo de rozar mis labios con su coño. Dio una especie de salto gritando:
            -¡Mo corro, joder! ¡Me corro vivaaa!
            Se quedó como desmadejada unos instantes, pero enseguida dijo:
            -¡Qué gusto, qué gusto más grande! ¡Pero por favor, ahora quiero polla! ¡Necesito polla!
            Como a mí también me hacía ya falta, la tumbé boca arriba, ella misma separó bien los muslos y sin más preámbulos se la metí en el chorreante coño. Empezó a babear.
            -¡Ay como me entra! ¡Como la siento! ¡Qué ganas de tener el coño lleno de polla! ¡Qué hermosa polla! ¡Fóllame! ¡Fóllameee!
            Durante más de media hora no sé si vivió un orgasmo constante. Se agitaba, gemía, gritaba:
            -¡Más polla! ¡Quiero más polla!
            Yo tenía que andar haciendo verdaderos esfuerzos para no correrme, pero lo conseguía.
            -Sí te voy a dar más polla, guarra, pero ahora por el culo. Date la vuelta.
-¡Sí, sí! ¡Méteme ese pollón por donde quieras!
La puse a cuatro patas y con la misma lubricación de su empapado coño se la metí en el culo.
            -Ay mamá! ¡Ay mamá! ¡Esto sí es follar! ¡Empuja! ¡Rómpeme el culo! ¡Me sigo corriendoooo!
            -Pues yo también voy a correrme putita.
            -¡En mi boca, por favor! ¡Dame tu leche en mi boca!
            Me puse de pie, se arrodilló ante mí y no permitió que se escapase de su boca ni una gota de mi semen.
            -¡Joder que gozada! –Dijo cuando lo hubo tragado todo-.
            Nos tumbamos en la cama desmadejados. Al poco ella dijo:
            -Sé que tienes que reponer fuerzas y no quiero atosigarte, aunque yo necesito follar más y más, así que: ¿Por qué no te quedas esta noche? Pedimos algo para cenar, recuperamos fuerzas y tenemos el resto de la noche para… lo que queramos.
            -Bueno, yo no tengo inconveniente.
            Así que pedimos la cena. Ni que decir tiene que mientras llegó y después de cenar, jugamos a todos los juegos sexuales posibles. Desde luego lo que menos hicimos fue dormir. Pero ella se tenía que levantar a las siete, pues trabajaba.
            Cuando nos despedimos, en la puerta de la calle, me dijo:
            -Ha sido maravilloso, y tenemos que repetirlo pronto… ¿Te parece mañana?
FIN
© José Luis Bermejo (El Seneka)

domingo, 27 de noviembre de 2011

PENETRANTE


Mi pene es terciopelo revestido
que se endurece al tacto de tu mano
o de tu lengua al relamer profano,
0 al escuchar susurros al oído.
Te gusta verlo chico y encogido
y apenas con un roce leve y vano
desperezarse lento cual gusano
y acabar poco a poco endurecido.
Entonces de gusano despertado
pasa a ser esa flecha traicionera
que se te clava dentro y te penetra
haciéndote sentir, inesperado,
el placer más hermoso que existiera:
Del verso del amor la última letra.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

A MI BARRIO


Me marcho, amigos. La vida lo decide.
Y el dejaros aumenta mi castigo.
Vosotros os quedáis, que aquí nacisteis,
pero en mi corazón vendréis conmigo.
Haced de valedores y notarios
de lo que dejo y de lo que me llevo.
Cuidad de ellos, les seréis necesarios
cuando de sus ojos se desprenda el velo.
Aquí van a seguir, por muchos años,
los bancos, los caminos, las adelfas,
los verdes aligustres y los sauces.
No van a fenecer con mi partida,
pero no los tendré ya como míos,
sólo podré venir a visitarlos
como a viejos, callados, compañeros
de los que, el devenir de la existencia,
me apartó un día, sin yo querer dejarlos.
Sí, seguirán teniendo, cada uno,
la vida y las historias que les di.
Un nombre y una imagen cada árbol,
un recuerdo cada paso del camino;
un tiempo de impaciencia, una tristeza,
algunas, aunque pocas, alegrías,
cada joven castaño, cada pino.
Los vi plantar, crecer, echar raíces.
Hablé y me hablaron con su voz callada,
supieron de mis sueños y mis miedos,
y de mis esperanzas infundadas.
Hoy he de despedirme, y algo mío
quedará entre sus tierras y sus ramas
para esperar, con ellos, el momento
en que pueda volver para abrazarlas.
Fuiste más mío que de los demás
porque yo te he querido con el alma,
te he contado todos mis secretos
y tú me has dado comprensión y calma,
lo que se espera siempre de un amigo.
Por ti fui un poco menos solitario
y con la voz y el corazón te digo:
Adiós mi viejo, mi querido barrio.

© José Luis Bermejo (El Seneka)