Miro un
buzón que siempre está vacío.
Espero
la llamada de un teléfono mudo.
Me
asomo a un mundo en el que nada es mío.
La
soledad me oprime con un húmedo nudo.
La
mente se me pierde en locos desvaríos.
Mi alma
me muestra su impúdico desnudo.
El
futuro es sólo un barrizal sombrío.
No sé
ni en lo que creo ni lo que dudo.
Mi
corazón es un desierto abandonado y frío.
No se
abre puerta alguna a la que acudo.
Todo
cuanto sembré cayó en baldío...
¡Y sigo vivo! ¡Hay que ser tozudo!
© José Luis Bermejo (El Seneka).
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