jueves, 15 de diciembre de 2011

TRIÁNGULO

Exige el tacto rozadura y beso
del sexo opuesto en exclusivo lazo;
pero a veces reclama el contrapeso
de una tercera parte en el abrazo.
Oh, la belleza triangular del nexo
que une al hombre, a la amante y a la extraña,
a aquélla por amor, a ésta por sexo,
en simultaneidad que a nadie engaña.
Y el encanto sensual de cada dama,
concediéndose mutua transferencia
de voluptuosidad, sobre una cama
que tres comparten sin interferencia.
¿Quién más experto en las furtivas artes
de la satisfacción en el placer,
que la mujer que ve sus propias partes
al explorar la piel de otra mujer?
¿Y qué mejor educación o escuela
para el hombre inexperto, -¿no son todos?-,
que observar cuanto en ellas se revela
de exquisitez, fogosidad y modos?
No serán dos, aunque pudieran serlo,
activos, sin pudor, participantes;
puede el tercero detenerse a verlo,
o simplemente unirse tres amantes.
En rotación continua, entretejidos,
en directo, en anverso y en reverso,
sin tabúes cohibiendo los sentidos,
uniendo lo inocente a lo perverso.
Yo acuñaré mis besos sobre besos
que ella ha dejado en ti, con los sabores
que ella misma dejó en mi boca impresos,
mas sólo captarás tú mis temblores.
Y tus besos caerán sobre la senda
que ella misma imprimió al acariciarme;
y llevarán su aroma, mas tu ofrenda
será mejor, porque has sabido amarme.
¿Y los celos? ¿Podrás desenredarte
de sus marañas? Al llegar la hora
en que la unión más pura se comparte,
¿serás quien goza al contemplar, o llora?
Te amo dulce, sensual, tierna, lasciva,
y te amaré con huella de mujer;
mas con la misma huella en mi piel viva,
¿me adorarás mañana como ayer?

© José Luis Bermejo (El Seneka)

lunes, 12 de diciembre de 2011

AMIGO MAR

Quisiera volverme viento
y hasta ti poder llegar
para poderte contar
el inmenso amor que siento:
Ella es la luz de mi vida,
mi tormento, mi castigo,
el consuelo de un amigo,
mi locura más querida.
Es fantasía en mis sueños,
fiebre cuando estoy despierto,
oasis en mi desierto
y meta de mis empeños.
Es mi razón de vivir,
el centro de mi universo,
la musa de cada verso
que soy capaz de escribir.
El final de mi viaje,
el perfume de mis flores,
la paleta de colores
que ilumina mi paisaje.
Cuando suba la marea
y venga contigo a hablar,
díselo tú, amigo mar,
¡tal vez a ti sí te crea!

© José Luis Bermejo (El Seneka).

domingo, 11 de diciembre de 2011

TRÍO CON UNA AMIGA

Somos una pareja explosiva. El sexo es para nosotros una necesidad vital. La media de polvos, a la semana es de tres, aunque nos gustaría practicar más sexo no lo hacemos por falta de tiempo. 

A pesar de que nosotros le sacamos el mayor provecho a nuestras relaciones sexuales sin necesitar terceras personas, un día decidimos compartir nuestro placer con una amiga. Raquel venia a visitarnos casi a diario y muchos fines de semana se quedaba en casa.

En una de nuestras interminables charlas me comentó que algunas veces cuando no podía conciliar el sueño, nos escuchaba jadear cuando mi marido y yo follábamos, y que eso le excitaba sobremanera y no le quedaba otra que masturbarse.

En ese momento no se lo dije, pero a mí siempre me había excitado la idea de que nos escucharan o incluso que nos vieran mientras nos volviamos locos follando.

Hable con Juan, mi marido, sobre el tema, y estuvo totalmente de acuerdo conmigo en que esa situación era al 100% estimulante.

Y con solo imaginarnos observados nos excitamos algo más de lo normal si cabe. Al terminar con un orgasmo espectacular, nos miramos y los dos supimos que queríamos compartir nuestras experiencias con Raquel . Ni siquiera tuvimos que comentárselo, la situación surgió por sí sola.

Mientras cenábamos hablamos los tres largo y tendido de sexo: de las experiencias de cada uno, de Juan y de mi.... y el ambiente se caldeo. Posé mi pie en la polla de Juan, bajo la mesa, y supe que estaba empalmado, yo estaba a mil y sabía que Raquel estaba en la misma órbita. Después de cenar nos pasamos al salón y decidimos ver una película; no era porno, pero si contenía escenas bastante picantes.

Mi sexo palpitaba de forma casi perceptible y Juan dejó que se le notara el miembro erecto bajo el pantalón. Yo me encontraba sentada entre los dos y decidí que debía ser yo quien diera el primer paso, además estaba deseosa de hacerlo. Me tumbe y mientras con mis pies masajeaba la verga de Juan, con la cabeza apoyada en las piernas firmes de Raquel empecé a acariciarle el coño por encima de la braguita y bajo se minúscula falda. Ella seguidamente me acarició el pecho, también por encima de mi camiseta. De forma instantánea surgieron mis duros pezones. Juan me desnudo completamente de cintura para abajo y se dispuso a comerme el coño como tan solo él sabe hacerlo. El placer me hizo jadear dulcemente y Raquel sintiendo una envidia sana se despojo de su tanga y me ofreció su sexo perfectamente rasurado. Yo sin dudarlo (por supuesto) e intentando imitar a Juan, ya que él me lo comía tan deliciosamente bien, inicie mi nueva tarea. Le pasé la lengua alrededor de los labios, chupe su clítoris como si fuese un chupete, y Raquel en ese momento comenzó a jadear de tal forma que pareció que llevaba un rato intentando contenerse. Con mi boca seguía ocupada en el clítoris y los labios y quise tener también a mis dedos entretenidos, así que le metí un dedo en su vagina calentita; noté que aceptaba un segundo y paseé los dedos índice y corazón por el interior del sexo de Raquel, su jadeo se hizo más sonoro; aunque creo que el mío le superaba, ya que yo estaba sintiendo doble placer: a Juan en mi coño, y el de Raquel en mi boca.

Mi marido hizo que nos cambiásemos de postura ya que estaba ansioso porque alguien le prestara atención a su magnífica polla.

Raquel y yo que estábamos, no del todo, pero si un poquito satisfechas nos dispusimos a compartir la polla de Juan. Al principio, reconozco que sentí un poco de celos pero se evaporaron rápidamente cuando alcé la mirada y se encontró con la de Juan, entonces supe que esta situación no iba a traer ningún problema.

Los suspiros de Juan me excitaban enormemente, sabía que disfrutaba a lo grande, con dos hermosas mujeres arrodilladas a sus pies compartiendo su polla y besándose entre chupadas.

Así lo hacíamos, mientras una estaba ocupada con la verga, la otra estaba entretenida con las tetas de su amiga, o con el coño. Yo estaba loca por correrme, así que busque lo posición ideal para que mi marido me penetrara su pollón. No necesité más de tres pollazos y Raquel que tenía su sexo en la boca de Juan tampoco pudo esperar más y se corrió casi a mi par.

Como las dos ya estábamos servidas, volvimos a dedicarle toda nuestra atención a Juan, volvimos a compartir su polla, y se corrió en nuestras bocas, ya que con las dos bocas hicimos una sola mamada.

El ritmo era perfecto, parecía que llevábamos toda la vida practicando el trío.

© Lola Lopez Abril (Messalina)

viernes, 9 de diciembre de 2011

ELLA Y ÉL

Ella se llama deseo. Él se llama tentación.
Ella busca un escarceo. Él la flor de la pasión.
Él: “me gusta lo que veo”. Ella: “quiero diversión”.
Él dibuja una sonrisa. Ella le coge la mano.
Él dice: “no tengas prisa”. Ella: “soy un ser humano”.
Ella le lleva a su casa. Él la besa en el camino.
Ella: “no sé qué me pasa”. Él: “nos ha juntado el destino”.
Ella se quita la ropa. Él le acaricia los pechos.
Ella le pone una copa. Él la tumba sobre el lecho.
Ella se entrega rendida. Él le hace el amor despacio.
A él se le escapa la vida. Ella acapara su espacio.
Él tiembla de punta a punta. Ella gime de placer…
Y en el aire una pregunta: ¿Nos volveremos a ver?

© José Luis Bermejo (El Seneka).

ALEGORIA

Notas que el corazón se te desboca,
que te devora el alma la impaciencia,
que no te importa ninguna otra vivencia,
y quieres empezar, con ansia loca.
Los suspiros se escapan de tu boca
cuando te ves, al fin, en su presencia.
Por más veces que vivas la experiencia,
el placer que produce, te disloca,
y no te cansas nunca de sentir.
Deseas seguir, aunque estés agotado.
Quisieras repetirlo hasta morir.
Lo necesitas para poder vivir.
Te mueres cuando ves que has terminado...
Estoy hablando, ¡claro!, de escribir.

© José Luis Bermejo (El Seneka).

jueves, 8 de diciembre de 2011

CUANDO BEBO ME PONGO GUARRA

En esta vida de levantarse temprano, trabajar , comer siempre deprisa y no tener tiempo mas que para un café con los amigos, una se vuelve mas o menos como un robot programado por la mano del jefe y de la rutina. Hace solo unos dias me encontre por casualidad con una vieja amiga del colegio en la parada del autobus y, naturalmente me dijo llevar la misma vida que yo. Asi que decidimos buscar un dia, en las vacaciones de navidad, en el que poder salir a tomar unas copas, hablar y relajar nuetras estresadas mentes de oficinistas.

Y asi lo hicimos. Fue una velada estupenda en la que recordamos viejos momentos, viejos novios y otras historias con las que nos reimos muchisimo. Las dos habíamos tenido unos ultimos meses de trabajo incesante con, simplemente, los domingos libres. Y el nivel de saturación empezaba a ser preocupante. Hasta que el destino hizo que nos encontrasemos.

Aunque en la foto se me ve desnuda las dos llegamos aquella noche ataviadas tan minuciosamente que pareciamos maniquis. Una siempre se arregla un poco mas para esas noches que se suponen especiales por el hecho de sentirse feliz de cuerpo y de mente. De mente porque vas de fiesta y de cuerpo porque estas guapisima.

Y lo que voy a contar ahora, es decir, todo lo que pasó a continuación es lo que me pasa casi siempre que me bebo dos copas de mas. Me entran unos calores y unas ganas de macho que me pongo guarrisima.

No me da vergüenza reconocerlo, de hecho se que le sucede lo mismo a mucha gente. Pero poneos en mi situación. Un pub de copas. Muchísima gente alrededor charlando y sonriendo. Todos los hombres perfumados y las mujeres encantadoras. Y tu con unas copas en el cuerpo. Ademas estas sola con una amiga y los maridos en casa. Lo primero que me entra en unas ganas de bailar y mover el culito que no puedo contenerme. Y si la suerte quiere que haya algún galan cerca que se fije en ti las ganas de sexo y de hacer guarrerias llaman a mi puerta apresuradamente. Y eso fue lo que pasó.

No se cuantas copas llevabamos cuando me vi en mitad de la pista abrazada a mi amiga bailando sensualmente y frotando mi coño contra una de sus piernas que se encontraba entre las mias. Y como serian las cosas que fui yo la que tuvo que decirle a mi amiga que se contuviera y no fuera tan guarra que nadie nos quitaba ojo de encima. Como respuesta me planto un beso en los morros y el cosquilleto me bajó hasta el coño. Fue la señal definitiva. Para guarra ella guarra yo, y le susurre al oiro que si estaba dispuesta a elegir a un chico para hacer un trio. Y como de guarrerias iba el campeonato me corrigió y señaló a tres que había en la barra con los ojos pegados a nuestro escote y seguramente con el corazón latiendole en la polla.

Soy un poquito guarra, lo reconozco. Pero nunca habia tenido sexo con mas de un hombre, ni sabía lo que era hacer un trio. Cierto que me he masturbado muchas veces con ese tipo de fantasias. Solo que llevarlas a la practica me parecia imposible. Otra cosa es poner a dos guarras en acción. Prometo solemnemente que no conocía esta caracteristica de mi amiga.

La discreción me impide explicar lo que pasó cuando nos fuimos a casa de uno de los chicos. La discreción y la borrachera. Pero podeis imaginarlo. Una polla por aquí, otra por allí, la tercera en el coño. Tan pronto me veia chupando una polla como comiendole el coño a mi amiga. En fin, que todas las guarrerias que se me podian haber ocurrido antes estaban ante mi para poder realizarlas. La verdad es que esto de ser tan guarra no entraba dentro de mis planes, pero se me dibuja tal sonrrisa en la cara cuando lo recuerdo que estoy desenando volver a salir con ella antes de que pasen estos dias de navidad. Y por supuesto ir en el mismo plan de competir por ver quien inventa la guarreria mas original y, como no, poder realilzarla.
 


Lola Lopez Abril

miércoles, 7 de diciembre de 2011

TE DESEO


¿Crees que yo no quiero amarte?
¿Esconderme entre tus brazos?
¿Besarte y acariciarte?
¿Sentirme preso en tus lazos?
¿Crees que no deseo tus pechos?
¿Beber placer de tu pozo?
¿Perder el norte en tu lecho?
¿Morir contigo de gozo?
Y no me atrevo a pedirlo
por temor a tu rechazo
ya nunca poder vivirlo.
¡Si yo supiera decirlo!:
“En la miel de tu regazo
quiero sentir”… ¡Y sentirlo!

© José Luis Bermejo (El Seneka)

lunes, 5 de diciembre de 2011

APARICIÓN


El viento oscuro de la noche, pasa
tiñendo el aire de monotonía.
Todo es igual que ayer:
Cuerpos y almas en grises amasijos,
soledades y sueños de borrachos,
impúdicas, veladas desnudeces
de espíritus cautivos de un anhelo.
Prisas quietas, inmóviles, nerviosas,
de quienes nada esperan del mañana.
Es una noche más, deshilvanada,
sin tiempo de futuro... Y de repente
algo ilumina el espesor del aire
y traspasa en aromas de magnolias
el denso ambiente de cerveza y whisky.
Algo como una roja llamarada
portadora de vida y de ilusiones.
Miro a mi alrededor, desconcertado,
y descubro el origen del milagro:
dos ojos, dos estrellas encendidas,
ascuas vivas nimbadas de oro líquido.
Dos luceros anclados a una aurora,
fijos al firmamento rutilante
de un rostro que da nombre a la belleza.
Unos ojos que, sólo porque existen,
bordan de claro resplandor la noche.
Pero es mayor la gloria del prodigio
porque esos ojos, además, me miran.
Y el milagro se me convierte en sueño,
la diosa disfrazada de mujer
que adorna el mundo con su gentil presencia,
me regala, en gesto generoso,
la gracia de su voz y sus palabras,
ofreciendo un tapiz de maravillas
tejido en hilos de notas de piano.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

BOLAS CHINAS


Recuerdo que, con apenas quince años, cuando me duchaba dirigía el chorro de agua caliente hacia mi entre pierna y la sensación era bastante placentera. Lo descubres casi sin querer y realmente casi sin intención.

Lo cierto es que fui la primera de mi grupo de amigas. Porque poco tiempo después en conversaciones privadas una de ellas reconoció haberlo experimentado y animó a las de mas a hacerlo. Yo guardaba silencio. Ellas acababan de empezar y yo era ya toda una experta en el tema del hidromasaje.

Al principio te gusta porque los diminutos chorros del dosificador estimulan todo el coño. El siguiente paso fue poner el tapón, llenar un poco la bañera, desenroscar el dosificador y dirigir el único y potente chorro a mi clítoris. Tumbada, solo con la cabeza fuera del agua, las piernas abiertas y mis manos son las que trabajan dirigiendo la manguera arriba y abajo por toda mi raja.

Necesitaba mas. Y naturalmente fue muy sencillo seguir avanzando en mi camino hacia el placer.

En mi dormitorio rasure bien la uña del dedo índice de la mano derecha y me dispuse a penetrarme por primera vez, a follarme a mi misma. Unté mi dedo con crema de manos y posé la yema sobre la entrada. Despatarrada bajo las mantas no era difícil adivinar lo que estaba haciendo. La mirada viciosa y la respiración acelerada eran los síntomas más evidentes. Pero estaba sola. Sola con la yema del dedo ya dentro de mi coño. Lo metí un poco mas e inicié el rítmico movimiento de follarme. Ummmmm que gustazo! Cada vez mas alterada saqué sin querer el dedo y noté algo diferente. Meter completamente el dedo y volver a sacar. Sacar y volver a meter hasta el fondo me gustó aun mas y empecé a embestir a dedazos mi coño completamente desbocada. Mas, mas, mas. Pero a cada golpe de dodo creí que me meaba. Y me corrí. No recuerdo nada mas. Perdí el control de lo que hacía y de lo que decía. Lo que si sé es que mi dedo no dejo de follarse mi coño insistentemente hasta que no tuve fuerzas para una sola embestida mas.

Todo es cuestión de experiencia. Y repetir aquello cada día me permitió arrancarme orgasmos muy placenteros en cuestión de segundos. Con quince años mi coño era un verdadero experto en proporcionarme momentos increíbles.

¿Cual crees que fue el siguiente paso?. Me compré un consolador, y luego otro y otro. Uno más largo que el anterior, otro mas gordo, otro con vibración. Yo diría que he tenido orgasmos de mil colores.

Naturalmente no tarde en tener la primera experiencia con chicos. Pero... no podía manejarlos como yo quería. Ellos no sabían el ritmo que yo necesitaba en cada momento. Había días en que necesitaba una polla de un grosor o de una profundidad diferentes a la que el chico tenía y mis orgasmos no eran tan explosivos. Eran bueno claro, pero no eran explosivos.

Descubrí las bolas chinas. Y con ellas el multiorgasmo. Creo que es lo mas de lo mas y lo recomiendo a todas las chicas. De hecho han ido pasando los años y aun las sigo usando al menos una vez por semana.

Os explicaré como lo hago y ya veréis como me lo agradecéis: Me pongo una buena película porno para ir entrando en calor, para ir empezando a recrearme en la fantasía de un trió con dos chicos o dos chicas con un chico. Incluso que soy una secretaria o una enfermera. En fin hay cientos de posibilidades. Me acaricio el clítoris con los dedos llenos de aceite para entrar suave y delicadamente en faena. Cuando noto que me humedezco y se me dilata el coño empiezo a introducirme las gruesas bolas chinas para que presionen bien las paredes de mi vagina. Al menor movimiento vibran y te vuelves loca desde el principio. Vuelvo a la película porno y me concentro en la escena. A mi me gusta cuando el chico pone a la chica sobre una mesa, abierta de piernas y con el coño de par en par y se la folla a golpe de cintura. Ver a esa chica recibiendo pollazos me pone a mil y me empiezo a frotar el clítoris con intención. Las bolas vibran y en cuestión de un par de minutos me corro por primera vez. Es ahí cuando toda chica piensa que ha terminado. Pero si con el poco aliento que nos queda seguimos moviendo la cintura apenas con un leve contoneo las bolas chinas se encargan de hacer el resto. El placer no cesa, el calor en la cara tampoco, los pollazos de la película tampoco. Y en cuanto hayas recuperado el aliento vuelve a frotarte el clítoris y tu coño y todo tu cuerpo entero te lo agradecerán. El siguiente orgasmo está al caer en cuestión de segundos.

¿Lo imaginas?
Yo he llegado a correrme hasta tres y cuatro veces. Y tengo una amiga que incluso mas.
Así que ve hoy mismo al sex-shop mas cercano y cómpralas. Tu coño necesita que le des algo más. Créeme, no te arrepentirás.

domingo, 4 de diciembre de 2011

PENSANDO EN TI


Estoy pensando en ti, y ya mi tesoro
se inflama y me reclama tu presencia
pero estás tan distante que tu ausencia
me hace tocarme mientras me acaloro.
Y froto mis pezones y te añoro,
y aprieto entre mis piernas mi indecencia,
y hundo mis dedos en mi impura esencia
y presiono mi perla y me incorporo.
Cierro los ojos, quiero imaginarte
entre mis oquedades y el deseo
lanzando a golpes del amor tu arte
y mi imaginación es mi ajetreo
que se acelera y en tu nombre parte
estallando en sublime cosquilleo.

©José Luis Bermejo (El Seneka).

viernes, 2 de diciembre de 2011

A PESAR DE TODO


Miro un buzón que siempre está vacío.
Espero la llamada de un teléfono mudo.
Me asomo a un mundo en el que nada es mío.
La soledad me oprime con un húmedo nudo.
La mente se me pierde en locos desvaríos.
Mi alma me muestra su impúdico desnudo.
El futuro es sólo un barrizal sombrío.
No sé ni en lo que creo ni lo que dudo.
Mi corazón es un desierto abandonado y frío.
No se abre puerta alguna a la que acudo.
Todo cuanto sembré cayó en baldío...
¡Y sigo vivo! ¡Hay que ser tozudo!

© José Luis Bermejo (El Seneka).

CENA DE FRATERNIDAD


PRIMERA PARTE
            Actualmente es muy frecuenta nuestro caso, por aquello de la comodidad y facilidad que ofrecen las nuevas técnicas. Me explico: Georgina y yo trabajamos para la misma editorial, pero no nos habíamos visto nunca, aunque sí leído; (debo aclarar que yo trabajo para varias, pero de intereses y temas totalmente distintos, por lo que no hay problema de incompatibilidad). No quiero decir que los autores ligados a una editorial se conozcan todos, ni antes ni ahora, pero actualmente que ni siquiera sueles pisar las instalaciones, porque todo se hace a través de e-mail e internet, mucho menos.
            Pero las editoriales, o mejor sus jefes o dueños, también tienen sus caprichos, y a la nuestra se le ocurrió, vaya usted a saber por qué, que sería conveniente organizar una cena de confraternización a la que acudiesen todos sus autores. Naturalmente podían ir acompañados. Siendo los que nos pagaban, difícilmente se podía declinar la invitación. De forma que un sábado, a eso de las nueve de la tarde, nos encontramos unas cuarenta personas en un conocido restaurante de Madrid.
            La primera hora se fue en darnos a conocer y a asociar nuestros nombres a nuestros seudónimos, pues en una publicación como aquella nadie, o casi nadie, firmaba sus trabajos con su nombre real.
            Así me enteré que Georgina era, para mí y hasta entonces, Andrea Deseosa. Me presentó a su acompañante como su marido. Yo había ido solo.
            Nos sentamos, y tras unas palabras del responsable de la reunión; la jefa; empezaron a servir las viandas, aunque casi todos parecían prestarle más atención a las bebidas.
            Georgina se había sentado a mi lado, y al otro tenía al marido, pero era normal que hablase más con un compañero recién conocido, que con él, con el que podía hacerlo siempre.
            -Me gustas lo que escribes –Me dijo-, resulta muy excitante.
            -Y a mí tu trabajo, pareces una chica muy lanzada.
            -Que va, sólo en mis escritos, en realidad soy bastante tímida.
            -Vaya. Pues no lo pareces.
            No tardó mucho en demostrar que tenía yo más razón que ella. Me cogió en la mano y la puso en uno de sus muslos por debajo de la falda. Se lo acaricié.
            -Sube –Me susurró.
            Cuando lo hice me percaté de que no se había puesto bragas. ¡Joder con la timidez! Como era lo que se esperaba de mí, empecé a tocarle el coño. Noté que empezaba a tener pequeños estremecimientos.
            Como era mi mano derecha la que estaba implicada en el juego, y de zurdo no tengo nada, de vez en cuando debía subirla para, por ejemplo, poder beber algo. Cuando lo hacía me miraba con ojos suplicantes para que siguiera.
            Al cabo de unos quince minutos de toqueteo, noté que apretaba los muslos contra mi mano y que tenía que hacer grandes esfuerzos para no gemir, pues sus labios temblaban. Se estaba corriendo. Poco después retiraba ella misma mi mano de su entrepierna.
            Me limpié la mano con la servilleta y traté de empezar a comer algo.
            -Supongo que te habrás puesto muy cachondo –Dijo en voz muy baja.
            -Pues mira, sí.
            -Comprendo que no te puedo dejar así. Voy al baño, me das un minuto y vas tú. Trataré de descargarte y aliviarte.
            Lo hice. Me estaba esperando en el servicio de señoras con la puerta entreabierta, me hizo señas de que pasase.
            -Ven, el de mujeres siempre es más discreto para estas cosas que el de hombres.
            Me metió en uno de los retretes que se podía cerrar desde dentro con pestillo, se sentó en la taza con la tapa puesta, me puso ante ella y desabrochándome la bragueta me sacó la polla y se puso a mamármela.
            Al poco sentí que me corría y traté de apartarme, pero no me dejó. Quiso que derramase todo mi esperma en su boca y se lo tragó sin un aspaviento.
            -Oye, esto no ha pasado nunca ni volverá a pasar –Me advirtió-. Soy una mujer felizmente casada y no quiero problemas. Me ponen cachonda tus historias y quería hacer lo que he hecho imaginándolas, pero nada más.
            -De acuerdo.
            -Vuelve a la mesa, yo lo haré después.
            Nos despedimos todos después de cenar, ya bastante tarde, y regresé a mi casa. Desde luego que cumplí mi promesa, pero eso sí, una historia parecida a esta, cambiando nombres y un poco la situación, fue uno de mis siguientes trabajos para la editorial, que como habréis adivinado, se dedicaba a la publicación de revistas porno con fotos y relatos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

NUESTRAS NOCHES


Si sientes humedad cuando despiertes
será mi vida derramada en ti.
Habré tenido la impagable suerte
de recibir aquello que te di.
Sabrás que en tu interior he vaciado
la vida y el placer a borbotones,
que fundido contigo me he quedado
para hacer infinitas las pasiones.
Cuando la realidad nos desencante
y haya que deshacer el dulce lazo,
sabremos que el adiós será un instante
y que estaré de nuevo en tu regazo.
Volverá a repetirse la experiencia
de que el mundo sea sólo dos placeres,
dos cuerpos entregándose su esencia,
mil besos para mil amaneceres.

© José Luis Bermejo (El Seneka).

martes, 29 de noviembre de 2011

A PESAR DE TI


Soy el bien y el mal entremezclados.
Soy tu oculto ‘yo’ desinhibido,
deseo de tus momentos alocados.
Soy aquello que siempre has pretendido.
Soy el problema que nunca resolviste,
la gran pasión que inquieta tus sentidos,
ese placer que nunca recibiste,
el imposible sueño de tus noches,
el pecado que nunca cometiste,
la tentación en la que no caíste,
lo que anhelas tener y no has tenido.
Eso que piensas que traerá reproches.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

DOS SOLITARIOS


            Hacía pocos días que había roto con mi pareja y me había marchado de casa, por lo que andaba un tanto alicaído y pasaba más tiempo en la calle que en mi nuevo domicilio.
            Aquella tarde estaba sentado en la terraza de una cafetería; por aquello de que en las terrazas se puede fumar; con la mente en otra parte, pensando en mis cosas que eran, por qué no decirlo, poco halagüeñas. Me distrajo un tanto una mujer que se sentó en la mesa de al lado, porque estaba de muy buen ver, según se aprecia en la foto adjunta;  (Ya sé que en algunos sitios no podréis verla); Pero enseguida volví a mis meditaciones.
            Pero no duré mucho con mis pensamientos, pues antes de que apareciese el camarero, la mujer se dirigió a mí preguntándome:
            -¿Estás solo?
            Aunque sorprendido, respondí:
            -Pues sí.
            -Yo también. ¿Te invito a un café y charlamos?
            -¿Por qué no -Respondí.
            Dejó su mesa y se sentó a mi lado.
            -Me llamo Emilia –Dijo.
            -Encantado. Yo José Luis.
            -¿Y cómo es que estás solo?
            -Ya ves, conflictos de pareja. Pero ese no es el tema, el tema es: ¿Cómo es que estás sola tú con lo buena que estás?
            -¿De veras? No lo creas, ya voy siendo mayor y los hombres no se fijan en mí. Cuando me quito el sujetador tengo las tetas ya un poco caídas –Puso ambas manos debajo de ellas y se las meneó de una forma muy provocativa-. De hecho llevo más de cuatro meses sin follar, y estoy que me salgo de cachonda.
            -Pues será porque no quieres.
            -¿Tú crees? ¿Tú me echarías un polvo?
            -Uno solo no, unos cuantos. Pero me pregunto: ¿Por qué te has fijado y dirigido a mí?
            -Bueno, aquí no hay muchos maduros, solos y que me resulten tan excitantes como tú.
            -¿Te resulto excitante?
            -¡Uf! Ya te digo. Ahora mismo me has puesto el coño chorreando. Entre lo bueno que estás y el tiempo que hace que no siento una polla dentro… Y tú tienes pinta de tener un buen miembro.
            Uniendo la acción a la palabra, me puso la mano en la entrepierna palpando mi pene que, efectivamente, ya se había puesto “furioso”.
            -¡Madre mía que hermosura! –Exclamó.
            -¿Te gustaría tenerla dentro? –Pregunté.
            -¡Me enloquecería! ¡Y en mi boca! ¡Y mamarla hasta saciarme!
            -¿Y qué podemos hacer?
            -Si quieres podemos ir a mi casa y pasárnoslo bien.
            -¿Ahora?
            -Cuando te acabes la copa.
            -Me gustas tú más que la copa, así que cuando quieras.
            -Pues vamos, no vivo lejos y tengo las bragas empapadas.
            Nos levantamos, pagó ella, y nos marchamos. Apenas tuvimos que andar unos 600 metros para llegar a su casa. Cuando entramos me dijo:
            -Ponte cómodo, te voy a preparar una copa por la que no has terminado en el bar.
            Me senté en un sofá y al poco regresaba con las bebidas. Mientras servía dijo:
            -Seguramente habrás pensado que soy muy descarada, pero es que con lo necesitada que estoy; me masturbo claro, pero no es lo mismo; y con lo que tú me gustas, que en cuanto te he visto me he puesto cachonda, no he podido resistirme.
            -Yo no pienso nada. Además me gustan las mujeres así: decididas y sin disimulos.
            -Pues me alegro. ¿Ves como tengo las tetas un poco caídas? –Se bajó las mangas del vestido y me las enseñó. Desde luego no estaban más caídas de lo habitual, ni mucho menos, de hecho no llevaba sujetador, y sus pezones erguidos y desafiantes compensaban cualquier otra cosa. Traté de lamerle los pezones.
            -No, espera, tómate la copa y deja que yo te ponga como tú me has puesto a mí.
            La dejé hacer. Con todo lo cachonda que decía estar, parecía quererse tomar las cosas con calma, porque empezó a acariciarme la polla por encima del pantalón, muy suavemente. Sus actos no eran muy excitantes, pero sus palabras sí:
            -¡Dios mío, qué rica que tiene que estar esta polla!
            -¿Por qué no la pruebas?
            -Ahora. Tú bebe.
            Al fin me desabrochó el pantalón y me la sacó. Primero la acarició con sus pezones, luego con la lengua y los labios.
            -¡Dios que polla! –Dijo -¡Qué maravilla debe ser sentirla dentro!
            -Pues ya ves como está, así que cuando quieras…
            -¡Sí, sí! ¡Vamos a la cama! ¡No aguanto más!
            Apenas entramos en el dormitorio ya estábamos los dos completamente desnudos. Ella estaría ansiosa, pero yo no tenía ninguna prisa, de forma que me puse a acariciarle todo el cuerpo: Los labios, el cuello, los pechos, la espalda, el culo, los muslos… Todo muy lentamente con manos y boca. Se retorcía como una anguila y gritaba:
            -¡Qué bien, qué bien! ¡Pero por lo que más quieras, métemela ya!
            -¡Espera! ¡Disfruta!
            -¡Sí! ¡Pero es que me voy a correr sin tenerla dentro!
            -Pues córrete. Luego lo harás de otras formas.
            Apenas me dio tiempo de rozar mis labios con su coño. Dio una especie de salto gritando:
            -¡Mo corro, joder! ¡Me corro vivaaa!
            Se quedó como desmadejada unos instantes, pero enseguida dijo:
            -¡Qué gusto, qué gusto más grande! ¡Pero por favor, ahora quiero polla! ¡Necesito polla!
            Como a mí también me hacía ya falta, la tumbé boca arriba, ella misma separó bien los muslos y sin más preámbulos se la metí en el chorreante coño. Empezó a babear.
            -¡Ay como me entra! ¡Como la siento! ¡Qué ganas de tener el coño lleno de polla! ¡Qué hermosa polla! ¡Fóllame! ¡Fóllameee!
            Durante más de media hora no sé si vivió un orgasmo constante. Se agitaba, gemía, gritaba:
            -¡Más polla! ¡Quiero más polla!
            Yo tenía que andar haciendo verdaderos esfuerzos para no correrme, pero lo conseguía.
            -Sí te voy a dar más polla, guarra, pero ahora por el culo. Date la vuelta.
-¡Sí, sí! ¡Méteme ese pollón por donde quieras!
La puse a cuatro patas y con la misma lubricación de su empapado coño se la metí en el culo.
            -Ay mamá! ¡Ay mamá! ¡Esto sí es follar! ¡Empuja! ¡Rómpeme el culo! ¡Me sigo corriendoooo!
            -Pues yo también voy a correrme putita.
            -¡En mi boca, por favor! ¡Dame tu leche en mi boca!
            Me puse de pie, se arrodilló ante mí y no permitió que se escapase de su boca ni una gota de mi semen.
            -¡Joder que gozada! –Dijo cuando lo hubo tragado todo-.
            Nos tumbamos en la cama desmadejados. Al poco ella dijo:
            -Sé que tienes que reponer fuerzas y no quiero atosigarte, aunque yo necesito follar más y más, así que: ¿Por qué no te quedas esta noche? Pedimos algo para cenar, recuperamos fuerzas y tenemos el resto de la noche para… lo que queramos.
            -Bueno, yo no tengo inconveniente.
            Así que pedimos la cena. Ni que decir tiene que mientras llegó y después de cenar, jugamos a todos los juegos sexuales posibles. Desde luego lo que menos hicimos fue dormir. Pero ella se tenía que levantar a las siete, pues trabajaba.
            Cuando nos despedimos, en la puerta de la calle, me dijo:
            -Ha sido maravilloso, y tenemos que repetirlo pronto… ¿Te parece mañana?
FIN
© José Luis Bermejo (El Seneka)

domingo, 27 de noviembre de 2011

PENETRANTE


Mi pene es terciopelo revestido
que se endurece al tacto de tu mano
o de tu lengua al relamer profano,
0 al escuchar susurros al oído.
Te gusta verlo chico y encogido
y apenas con un roce leve y vano
desperezarse lento cual gusano
y acabar poco a poco endurecido.
Entonces de gusano despertado
pasa a ser esa flecha traicionera
que se te clava dentro y te penetra
haciéndote sentir, inesperado,
el placer más hermoso que existiera:
Del verso del amor la última letra.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

A MI BARRIO


Me marcho, amigos. La vida lo decide.
Y el dejaros aumenta mi castigo.
Vosotros os quedáis, que aquí nacisteis,
pero en mi corazón vendréis conmigo.
Haced de valedores y notarios
de lo que dejo y de lo que me llevo.
Cuidad de ellos, les seréis necesarios
cuando de sus ojos se desprenda el velo.
Aquí van a seguir, por muchos años,
los bancos, los caminos, las adelfas,
los verdes aligustres y los sauces.
No van a fenecer con mi partida,
pero no los tendré ya como míos,
sólo podré venir a visitarlos
como a viejos, callados, compañeros
de los que, el devenir de la existencia,
me apartó un día, sin yo querer dejarlos.
Sí, seguirán teniendo, cada uno,
la vida y las historias que les di.
Un nombre y una imagen cada árbol,
un recuerdo cada paso del camino;
un tiempo de impaciencia, una tristeza,
algunas, aunque pocas, alegrías,
cada joven castaño, cada pino.
Los vi plantar, crecer, echar raíces.
Hablé y me hablaron con su voz callada,
supieron de mis sueños y mis miedos,
y de mis esperanzas infundadas.
Hoy he de despedirme, y algo mío
quedará entre sus tierras y sus ramas
para esperar, con ellos, el momento
en que pueda volver para abrazarlas.
Fuiste más mío que de los demás
porque yo te he querido con el alma,
te he contado todos mis secretos
y tú me has dado comprensión y calma,
lo que se espera siempre de un amigo.
Por ti fui un poco menos solitario
y con la voz y el corazón te digo:
Adiós mi viejo, mi querido barrio.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

sábado, 26 de noviembre de 2011

COMPAÑERISMO


Alicia es una compañera de trabajo, de 36 años y muy sexy, aunque no excesivamente guapa. El caso es que casi todos los hombres de la empresa le andan tirando los tejos.
Por eso me sorprendió tanto cuando un viernes, a punto de despedirnos todos hasta el lunes, se acercó a mí y me dijo:
-S i tienes tiempo y pues, ¿podrías venir mañana por la tarde a mi casa? Tengo que pedirte un favor importante para mí.
-Bueno –Respondí-, poder si puedo, pero si es algo del trabajo…
-No, es un motivo personal.
-De acuerdo. Pero hay una pega, que no sé dónde vives.
Me dio una tarjeta de visita y me dijo.
-Te estaré esperando a eso de las siete de la tarde.
Ni que decir tiene que me pasé el resto del viernes y la mañana del sábado especulando sobre lo que querría de mí.
A las siete en punto estaba llamando a su puerta.
Me acomodó en el sofá del salón y me ofreció lo que quisiera para beber. Tras servirlo se sentó junto a mí y me dijo:
-Verás, el favor que necesito de ti es que me dejes hacerte una paja.
Lo insólito de la petición me dejó con la boca abierta. Y no menos el desparpajo en la forma de proponerlo. ¡Pero mucho más lo que vino a continuación!
-Veo que te asombras, es natural. Verás, tú me gustas y quiero que nos corramos juntos, pero hay una condición inexcusable: nos masturbaremos mutuamente pero nada más. Nada de penetración ni algo parecido.
-Bueno, yo… -No salía de mi asombro.
-Naturalmente sería cuando caldeáramos un poco el ambiente, no así en frío y de sopetón.
Tras recuperarme un poco pensé que por qué no, después de todo la cosa tenía su morbo, sobre todo por la novedad, aunque no entendiese de la misa la media.
-Bueno –Accedí-, podemos probar.
-¡Qué bien! Voy a preparar esto un poco entonces, tú no te muevas.
Manipuló las luces de manera de dejar la estancia en semipenumbra.
-En un minuto vuelvo.
Y salió del salón.
Lo hizo en poco más del minuto prometido. Se había puesto un picardías rojo, transparente, sin sujetador pero con un tanga minúsculo también rojo. Encendió el televisor; en el que ya tenía preparado un vídeo porno; y se sentó muy cerca de mí.
-¿Me dejas que te desnude yo? –Preguntó.
-Claro.
Las pajas mutuas; pues fueron más de una; resultaron esplendorosas. Ella gemía y gritaba desaforadamente cada vez que tenía un orgasmo, y recogía con su mano mi esperma cuando yo eyaculaba para llevárselo a la boca, pero en ningún momento intentó una mamada.
No tengo que decir que yo tenía unas ganas locas de follarla, pero ni siquiera lo propuse, atendiendo al “pacto”.
Tras casi tres intensas horas dio la sesión por terminada diciendo:
-A mí me ha parecido estupendo. ¿Y a ti?
-También.
-Pues ya te avisaré cuando necesite otro favor. Ahora, sintiéndolo mucho, tienes que marcharte.
-De acuerdo. Hasta lunes –Dije cuando estuve vestido y en la puerta.
-Sí. Y no se te ocurra dejar traslucir nada de esto en la empresa.
Con más o menos el mismo ritual, la cosa se repitió con frecuencia. En realidad casi todos los sábados.
Pero aquello, sin yo sospecharlo, tenía que dar más de sí.
Fue una de esas semanas en que Alicia me preguntó terminando el viernes:
-¿Puedes mañana?
-Desde luego –Contesté- A la postre me estaba gustando el juego.
-Pues a la hora de siempre.
Cuando llegué el sábado y fui a acomodarme en el sitio habitual, al otro extremo del sofá estaba sentada otra mujer. Alicia hizo las presentaciones, se llamaba Paula y supuse que se había presentado sin avisar.
Me equivocaba, porque Alicia me dijo:
-Paula quiere participar en nuestro juego. ¿Podrás con las dos?
¡En aquella casa a mí ya no me extrañaba nada!
-Pues no sé –Respondí-, pero haré lo que pueda.
-Te advierto que yo no entro en las normas de Alicia –Habló Paula por primera vez.
Supuse lo que quería decir y no me pareció nada mal.
Alicia comenzó con el ritual de las luces, el vídeo, y salir para ponerse la “ropa de faena”, sólo que esta vez fueron las dos las que salieron juntas del salón.
A Alicia ya la había visto con toda su vestimenta erótica, pero Paula me sorprendió con una especie de faldita hawaiana hecha de tiras de apenas dos cuartas de largas, ¡y absolutamente nada más!
-¡Madre mía que cachonda estoy! –Exclamó Paula.
Me hicieron poner en pie para desnudarme entre las dos con sus manos recorriendo todo mi cuerpo. Luego se agacharon ante mí para jugar con mi polla. Aunque Alicia siguió fiel a su costumbre de no acercársela a la boca, Paula no tuvo inconveniente alguno en darla unos buenos lametones y metérsela en la boca casi entera.
Más que sentarnos nos dejamos caer en el sofá. Mis manos fueron cada una a un coño mientras Alicia se puso a meneármela con entusiasmo.
Las dos mujeres se movían convulsivamente y acompañaban con sus dedos las “exploraciones” de mis manos.
Al poco Paula farfulló, más que dijo:
-Anda Alicia, déjame que le haga una buena mamada.
-Como no, adelante.
Se puso a chupármela con un entusiasmo y maestría dignos de encomio. Aunque me hacía dar saltos de placer, no dejé de manipular el coño de Alicia, que ya se había corrido una vez por sus inequívocos gritos en tales momentos.
Tras un rato, en el que tuve que hacer esfuerzos titánicos para no correrme en su boca, levantó la cabeza y gimió:
-¡No puedo más! ¡Necesito que me lo coman o que me follen!
-¿Y por qué no las dos cosas, putona? –Preguntó Alicia.
-¡Lo que sea pero ya!
-Anda, hazla correrse como una cerda con tu lengua.
Lo hice, y logré que se corriese mientras lloraba y gemía, pero no pareció tener bastante.
-¡Más! ¡Más! ¡Quiero más!
-¿Quieres que te folle aquí, o prefieres en la cama? –Le preguntó Alicia.
-¡Me da igual, donde sea pero que me folle ya!
-Vamos a la cama, estaremos más cómodos.
Fuimos casi a la carrera hasta el dormitorio. En cuanto se tumbó en la cama abrió las piernas y las levantó poniendo los pies a la altura de su cabeza.
-¡Por favor, clávamela ya!
Lo hice, por supuesto. Se corrió por segunda vez apenas tuvo la punta dentro, luego lo hizo otras tres veces. Yo también eyaculé dos veces sin sacársela siquiera en unas de las corridas más salvajes que he tenido en mi vida.
Alicia, mientras, tumbada a nuestro lado, se destrozaba el coño con las dos manos en medio de orgasmos continuos que denotaba con sus particulares gritos…
Está visto que el ser buen compañero tiene a veces recompensas muy satisfactorias.

© José Luis Bermejo (El Seneka).