En esta vida de levantarse temprano, trabajar , comer siempre deprisa y no tener tiempo mas que para un café con los amigos, una se vuelve mas o menos como un robot programado por la mano del jefe y de la rutina. Hace solo unos dias me encontre por casualidad con una vieja amiga del colegio en la parada del autobus y, naturalmente me dijo llevar la misma vida que yo. Asi que decidimos buscar un dia, en las vacaciones de navidad, en el que poder salir a tomar unas copas, hablar y relajar nuetras estresadas mentes de oficinistas.
Y asi lo hicimos. Fue una velada estupenda en la que recordamos viejos momentos, viejos novios y otras historias con las que nos reimos muchisimo. Las dos habíamos tenido unos ultimos meses de trabajo incesante con, simplemente, los domingos libres. Y el nivel de saturación empezaba a ser preocupante. Hasta que el destino hizo que nos encontrasemos.
Aunque en la foto se me ve desnuda las dos llegamos aquella noche ataviadas tan minuciosamente que pareciamos maniquis. Una siempre se arregla un poco mas para esas noches que se suponen especiales por el hecho de sentirse feliz de cuerpo y de mente. De mente porque vas de fiesta y de cuerpo porque estas guapisima.
Y lo que voy a contar ahora, es decir, todo lo que pasó a continuación es lo que me pasa casi siempre que me bebo dos copas de mas. Me entran unos calores y unas ganas de macho que me pongo guarrisima.
No me da vergüenza reconocerlo, de hecho se que le sucede lo mismo a mucha gente. Pero poneos en mi situación. Un pub de copas. Muchísima gente alrededor charlando y sonriendo. Todos los hombres perfumados y las mujeres encantadoras. Y tu con unas copas en el cuerpo. Ademas estas sola con una amiga y los maridos en casa. Lo primero que me entra en unas ganas de bailar y mover el culito que no puedo contenerme. Y si la suerte quiere que haya algún galan cerca que se fije en ti las ganas de sexo y de hacer guarrerias llaman a mi puerta apresuradamente. Y eso fue lo que pasó.
No se cuantas copas llevabamos cuando me vi en mitad de la pista abrazada a mi amiga bailando sensualmente y frotando mi coño contra una de sus piernas que se encontraba entre las mias. Y como serian las cosas que fui yo la que tuvo que decirle a mi amiga que se contuviera y no fuera tan guarra que nadie nos quitaba ojo de encima. Como respuesta me planto un beso en los morros y el cosquilleto me bajó hasta el coño. Fue la señal definitiva. Para guarra ella guarra yo, y le susurre al oiro que si estaba dispuesta a elegir a un chico para hacer un trio. Y como de guarrerias iba el campeonato me corrigió y señaló a tres que había en la barra con los ojos pegados a nuestro escote y seguramente con el corazón latiendole en la polla.
Soy un poquito guarra, lo reconozco. Pero nunca habia tenido sexo con mas de un hombre, ni sabía lo que era hacer un trio. Cierto que me he masturbado muchas veces con ese tipo de fantasias. Solo que llevarlas a la practica me parecia imposible. Otra cosa es poner a dos guarras en acción. Prometo solemnemente que no conocía esta caracteristica de mi amiga.
La discreción me impide explicar lo que pasó cuando nos fuimos a casa de uno de los chicos. La discreción y la borrachera. Pero podeis imaginarlo. Una polla por aquí, otra por allí, la tercera en el coño. Tan pronto me veia chupando una polla como comiendole el coño a mi amiga. En fin, que todas las guarrerias que se me podian haber ocurrido antes estaban ante mi para poder realizarlas. La verdad es que esto de ser tan guarra no entraba dentro de mis planes, pero se me dibuja tal sonrrisa en la cara cuando lo recuerdo que estoy desenando volver a salir con ella antes de que pasen estos dias de navidad. Y por supuesto ir en el mismo plan de competir por ver quien inventa la guarreria mas original y, como no, poder realilzarla.
Lola Lopez Abril
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