Recuerdo que, con apenas quince años, cuando me duchaba dirigía el
chorro de agua caliente hacia mi entre pierna y la sensación era bastante
placentera. Lo descubres casi sin querer y realmente casi sin intención.
Lo cierto es que fui la primera de mi grupo de amigas. Porque poco tiempo después en conversaciones privadas una de ellas reconoció haberlo experimentado y animó a las de mas a hacerlo. Yo guardaba silencio. Ellas acababan de empezar y yo era ya toda una experta en el tema del hidromasaje.
Al principio te gusta porque los diminutos chorros del dosificador estimulan todo el coño. El siguiente paso fue poner el tapón, llenar un poco la bañera, desenroscar el dosificador y dirigir el único y potente chorro a mi clítoris. Tumbada, solo con la cabeza fuera del agua, las piernas abiertas y mis manos son las que trabajan dirigiendo la manguera arriba y abajo por toda mi raja.
Necesitaba mas. Y naturalmente fue muy sencillo seguir avanzando en mi camino hacia el placer.
En mi dormitorio rasure bien la uña del dedo índice de la mano derecha y me dispuse a penetrarme por primera vez, a follarme a mi misma. Unté mi dedo con crema de manos y posé la yema sobre la entrada. Despatarrada bajo las mantas no era difícil adivinar lo que estaba haciendo. La mirada viciosa y la respiración acelerada eran los síntomas más evidentes. Pero estaba sola. Sola con la yema del dedo ya dentro de mi coño. Lo metí un poco mas e inicié el rítmico movimiento de follarme. Ummmmm que gustazo! Cada vez mas alterada saqué sin querer el dedo y noté algo diferente. Meter completamente el dedo y volver a sacar. Sacar y volver a meter hasta el fondo me gustó aun mas y empecé a embestir a dedazos mi coño completamente desbocada. Mas, mas, mas. Pero a cada golpe de dodo creí que me meaba. Y me corrí. No recuerdo nada mas. Perdí el control de lo que hacía y de lo que decía. Lo que si sé es que mi dedo no dejo de follarse mi coño insistentemente hasta que no tuve fuerzas para una sola embestida mas.
Todo es cuestión de experiencia. Y repetir aquello cada día me permitió arrancarme orgasmos muy placenteros en cuestión de segundos. Con quince años mi coño era un verdadero experto en proporcionarme momentos increíbles.
¿Cual crees que fue el siguiente paso?. Me compré un consolador, y luego otro y otro. Uno más largo que el anterior, otro mas gordo, otro con vibración. Yo diría que he tenido orgasmos de mil colores.
Naturalmente no tarde en tener la primera experiencia con chicos. Pero... no podía manejarlos como yo quería. Ellos no sabían el ritmo que yo necesitaba en cada momento. Había días en que necesitaba una polla de un grosor o de una profundidad diferentes a la que el chico tenía y mis orgasmos no eran tan explosivos. Eran bueno claro, pero no eran explosivos.
Descubrí las bolas chinas. Y con ellas el multiorgasmo. Creo que es lo mas de lo mas y lo recomiendo a todas las chicas. De hecho han ido pasando los años y aun las sigo usando al menos una vez por semana.
Os explicaré como lo hago y ya veréis como me lo agradecéis: Me pongo una buena película porno para ir entrando en calor, para ir empezando a recrearme en la fantasía de un trió con dos chicos o dos chicas con un chico. Incluso que soy una secretaria o una enfermera. En fin hay cientos de posibilidades. Me acaricio el clítoris con los dedos llenos de aceite para entrar suave y delicadamente en faena. Cuando noto que me humedezco y se me dilata el coño empiezo a introducirme las gruesas bolas chinas para que presionen bien las paredes de mi vagina. Al menor movimiento vibran y te vuelves loca desde el principio. Vuelvo a la película porno y me concentro en la escena. A mi me gusta cuando el chico pone a la chica sobre una mesa, abierta de piernas y con el coño de par en par y se la folla a golpe de cintura. Ver a esa chica recibiendo pollazos me pone a mil y me empiezo a frotar el clítoris con intención. Las bolas vibran y en cuestión de un par de minutos me corro por primera vez. Es ahí cuando toda chica piensa que ha terminado. Pero si con el poco aliento que nos queda seguimos moviendo la cintura apenas con un leve contoneo las bolas chinas se encargan de hacer el resto. El placer no cesa, el calor en la cara tampoco, los pollazos de la película tampoco. Y en cuanto hayas recuperado el aliento vuelve a frotarte el clítoris y tu coño y todo tu cuerpo entero te lo agradecerán. El siguiente orgasmo está al caer en cuestión de segundos.
¿Lo imaginas?
Yo he llegado a correrme hasta tres y cuatro veces. Y tengo una amiga que incluso mas.
Así que ve hoy mismo al sex-shop mas cercano y cómpralas. Tu coño necesita que le des algo más. Créeme, no te arrepentirás.
Lo cierto es que fui la primera de mi grupo de amigas. Porque poco tiempo después en conversaciones privadas una de ellas reconoció haberlo experimentado y animó a las de mas a hacerlo. Yo guardaba silencio. Ellas acababan de empezar y yo era ya toda una experta en el tema del hidromasaje.
Al principio te gusta porque los diminutos chorros del dosificador estimulan todo el coño. El siguiente paso fue poner el tapón, llenar un poco la bañera, desenroscar el dosificador y dirigir el único y potente chorro a mi clítoris. Tumbada, solo con la cabeza fuera del agua, las piernas abiertas y mis manos son las que trabajan dirigiendo la manguera arriba y abajo por toda mi raja.
Necesitaba mas. Y naturalmente fue muy sencillo seguir avanzando en mi camino hacia el placer.
En mi dormitorio rasure bien la uña del dedo índice de la mano derecha y me dispuse a penetrarme por primera vez, a follarme a mi misma. Unté mi dedo con crema de manos y posé la yema sobre la entrada. Despatarrada bajo las mantas no era difícil adivinar lo que estaba haciendo. La mirada viciosa y la respiración acelerada eran los síntomas más evidentes. Pero estaba sola. Sola con la yema del dedo ya dentro de mi coño. Lo metí un poco mas e inicié el rítmico movimiento de follarme. Ummmmm que gustazo! Cada vez mas alterada saqué sin querer el dedo y noté algo diferente. Meter completamente el dedo y volver a sacar. Sacar y volver a meter hasta el fondo me gustó aun mas y empecé a embestir a dedazos mi coño completamente desbocada. Mas, mas, mas. Pero a cada golpe de dodo creí que me meaba. Y me corrí. No recuerdo nada mas. Perdí el control de lo que hacía y de lo que decía. Lo que si sé es que mi dedo no dejo de follarse mi coño insistentemente hasta que no tuve fuerzas para una sola embestida mas.
Todo es cuestión de experiencia. Y repetir aquello cada día me permitió arrancarme orgasmos muy placenteros en cuestión de segundos. Con quince años mi coño era un verdadero experto en proporcionarme momentos increíbles.
¿Cual crees que fue el siguiente paso?. Me compré un consolador, y luego otro y otro. Uno más largo que el anterior, otro mas gordo, otro con vibración. Yo diría que he tenido orgasmos de mil colores.
Naturalmente no tarde en tener la primera experiencia con chicos. Pero... no podía manejarlos como yo quería. Ellos no sabían el ritmo que yo necesitaba en cada momento. Había días en que necesitaba una polla de un grosor o de una profundidad diferentes a la que el chico tenía y mis orgasmos no eran tan explosivos. Eran bueno claro, pero no eran explosivos.
Descubrí las bolas chinas. Y con ellas el multiorgasmo. Creo que es lo mas de lo mas y lo recomiendo a todas las chicas. De hecho han ido pasando los años y aun las sigo usando al menos una vez por semana.
Os explicaré como lo hago y ya veréis como me lo agradecéis: Me pongo una buena película porno para ir entrando en calor, para ir empezando a recrearme en la fantasía de un trió con dos chicos o dos chicas con un chico. Incluso que soy una secretaria o una enfermera. En fin hay cientos de posibilidades. Me acaricio el clítoris con los dedos llenos de aceite para entrar suave y delicadamente en faena. Cuando noto que me humedezco y se me dilata el coño empiezo a introducirme las gruesas bolas chinas para que presionen bien las paredes de mi vagina. Al menor movimiento vibran y te vuelves loca desde el principio. Vuelvo a la película porno y me concentro en la escena. A mi me gusta cuando el chico pone a la chica sobre una mesa, abierta de piernas y con el coño de par en par y se la folla a golpe de cintura. Ver a esa chica recibiendo pollazos me pone a mil y me empiezo a frotar el clítoris con intención. Las bolas vibran y en cuestión de un par de minutos me corro por primera vez. Es ahí cuando toda chica piensa que ha terminado. Pero si con el poco aliento que nos queda seguimos moviendo la cintura apenas con un leve contoneo las bolas chinas se encargan de hacer el resto. El placer no cesa, el calor en la cara tampoco, los pollazos de la película tampoco. Y en cuanto hayas recuperado el aliento vuelve a frotarte el clítoris y tu coño y todo tu cuerpo entero te lo agradecerán. El siguiente orgasmo está al caer en cuestión de segundos.
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