martes, 1 de noviembre de 2011

20 CENTÍMETROS

Llevo ya un par de meses sin trabajar y la verdad es que emocionalmente no me encuentro muy bien. Mi mujer no sabe ya que inventar para tenerme contento. Que si una cena suculenta o regalarme libros que siempre he deseado. Todas esas cosas me alagan mucho pero cuando uno siente que no cumple con su cometido, cuando uno no se siente útil es más fácil estar triste que estar hecho unas castañuelas.

En cambio el otro día me sorprendió de matera inimaginable. Vino con una compañera de trabajo que esta buenísima. Se sentaron en el salón y empezaron a hablar de esto y de lo otro, de si los hombres son todos iguales pero, según mi mujer, “por suerte mi marido tiene una polla enorme y eso me consuela, por lo demás es igual que los demás hombres”. Aunque yo estaba en otra habitación pude oírlo todo con la mayor de las sorpresas. Y cuando creía que no podía llegar a estar más confundido oí llamar a mi mujer para que fuese con ellas. No supe que cara poner. Y como íbamos de mal en peor, me temí que soltara contra mi cualquier improperio.

En cambio todo cambió cuando me pidió que me sentara y convenciera a su amiga de que mi polla medía veinte centímetros.

Realmente la situación cambió de tercio pero mi sorpresa seguía siendo mayúscula. Nunca he ido por la calle presumiendo de tener una polla de veinte centímetros y aquel tampoco se me antojaba el momento más apropiado.

Sin embargo mis dos secuestradoras empezaron a desnudarse y a retarse con proposiciones que prefiero omitir pero todas y cada una de ellas referentes a mi polla y sus generosos centímetros.

Y, claro, poco a poco tu también vas entrando en calor hasta que se te pone dura al verte rodeado de dos bellezas como aquellas. Y los veinte centímetros de polla oculta van cogiendo cuerpo.

Mi mujer sabe perfectamente como tocármela para ponerla durísima y la cara de sorpresa de su amiga lo decía todo. Iba a ser una tarde de las que le hacen olvidar a uno las penas.

Y lo comprendí. Todo estaba preparado por mi mujer para hacerme olvidar mi mala racha. Mis veinte centímetros de polla y la discusión con su amiga solo eran la escusa y yo, la víctima.

Hace unos días de esto. No me es fácil quitarme de encima el recuerdo de dos guarras como dos locas fallándome como si no lo hubiesen hecho nunca. Y lo cierto es que me gustaría que sucediese otra vez. Me pregunto si le sentará mal a mi mujer que lo quiera repetir. Esta mista noche le diré que vuelvo a sentirme fracasado y a ver como lo soluciona.

© José Luis Bermejo (El Seneka)

No hay comentarios:

Publicar un comentario