del color de la mañana.
Tus labios, fruta jugosa
que te invita a devorarla.
Tu cuerpo como un pecado
de desnudeces paganas.
El deseo de tu amor
como una punta de lanza
que se ha clavado en mi alma
sin darme tiempo a escudarla.
Eres fuego que me abrasa
y me hace perder la calma,
y al tiempo eres agua pura
que refresca y que relaja.
No te conozco, y aún
sin haber visto tu cara,
empiezo a odiar la distancia
que a ti y a mí nos separa.
© José Luis Bermejo (El Seneka)
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